Dios está en los árboles

por Daniel Fresno

Llegó este mensaje:

«El otro día caí en un pozo emocional profundo y oscuro. Me sentí desamparada y atormentada por los errores cometidos en el pasado. Sentí que había perdido a Dios»

Quiero contarle algo que suele ocurrir durante las clases grupales en el parque. Practicamos en un espacio público muy bonito, lleno de árboles y frecuentado por muchas personas que realizan todo tipo de actividades y generan bastante ruido. En un día soleado el parque se llena de gente y no se ven pájaros. Pero eso no significa que los pájaros se hayan ido. Los pájaros están ahí, pero en los árboles, en las ramas más altas, lejos del ruido de la gente.

Pero a veces ocurre algo especial. Durante la clase de taichi chuan hay un momento en el que hacemos chan chuang, que es la meditación estática de pie. Por unos minutos nos quedamos quietos y en silencio. El cuerpo, la respiración y la mente se serenan y ahí se produce el milagro: los pájaros bajan de los árboles y se mezclan con nosotros. Algunos incluso pasean entre nuestros pies. Varias veces nos visitó una pareja de cardenales.

Lo que usted experimentó, esa sensación de haber perdido a Dios es muy dolorosa. Esa soledad y ese desamparo generan gran sufrimiento. Sin embargo, es importante que sepa que Dios no se fue. Es como los pájaros del parque. Está ahí, siempre estuvo ahí, en las ramas más altas de los árboles, esperando que haya un poco de quietud para bajar. Cuando en la mente hay demasiado ruido y agitación es muy difícil escucharlo porque la atención está volcada hacia afuera o hacia los dramas psicológicos.

Todos tenemos en nuestro centro un pedacito de Dios. Cuando éramos chicos teníamos un contacto más fluído con ese centro. Pero a medida que fuimos creciendo se fueron acumulando una capa tras otra de materia, ruido mental y ego alrededor de ese centro. Para conectarnos con nuestro centro hay que realizar el trabajo del escultor, quitando todo lo que está de más.

Aquí es importante aclarar que no conviene combatir la agitación y el ruido mental. Muchas personas viven con la cabeza a mil y eso lógicamente les provoca gran sufrimiento, y buscan alivio a través del alcohol o las drogas legales o ilegales. Silenciar la mente dejándola knock-out no ayuda a salir del pozo. No buscamos anestesiarnos, dormirnos o escaparnos. Para conectarnos con nuestra luz interior necesitamos estar plenamente concientes y despiertos.

Usted se siente atormentada por los errores cometidos y eso es normal. ¿Conoce algún ser humano que no haya cometido errores? Por más aberrantes que hayan sido sus errores, usted se encuentra ahora en una mejor situación, porque se da cuenta de que se equivocó. En el momento en que cometió los errores usted no era conciente de que estaba haciendo macanas. Si hubiese sido plenamente conciente habría actuado de otra manera. Así que no lo olvide: si ahora se da cuenta de que antes actuó mal, está mejor que antes. La cuestión clave es qué va a hacer a partir de ahora. ¿Se va a quedar masticando la culpa o va a tratar de aprender de la experiencia para no repetirla?

Está muy bien que cultive sus vínculos con el mundo exterior, con otras personas y con sus áreas de interés. Pero también es importante tener todos los días un momento de conexión con su mundo interno. Un momento del día en el que usted pueda simplemente sentarse y, plenamente despierta, no hacer nada. Si quiere puede cerrar los ojos, pero sin dormirse. Lo importante es enfocar su atención en la respiración o en el mantra, permitiendo que su mente y cuerpo se aquieten. Así logrará la serenidad que hace que los pájaros se acerquen.

Gracias por escuchar