Independencia

-Hoy celebramos el Día de la Independencia y quisiera hablar sobre eso, sobre la independencia -dije durante la clase de taichi chuan del 9 de julio-, pero no desde una perspectiva histórica o socio-política, sino desde una dimensión personal. Ser independiente es poder valerse por sí mismo y dejar de ser parte de algo más grande. Como humanos, nuestro primer acto de independencia es cuando salimos del vientre materno y empezamos a respirar por nuestra cuenta. A medida que crecemos, vamos siendo cada vez más independientes y así vamos construyendo nuestra individualidad. Es el único camino para desarrollarnos como humanos. Nos vamos separando de los padres, de la Naturaleza que nos rodea y también de nuestra naturaleza interna.

-A medida que crecemos, vamos formando una imagen de nosotros mismos, del mundo y del lugar que ocupamos en él. Esa imagen, el yo, es resultado de lo que la familia, la escuela, los amigos, los medios de comunicación, el Estado dice que somos. Y terminamos creyendo que somos ese yo que nos dijeron que somos: individuos únicos y separados del tejido social y de la Naturaleza. Junto con el individualismo, se nos enseña el egoísmo y la ilusión de que podemos triunfar en la vida a expensas de los demás y del ecosistema.

-Uno de los aspectos más valiosos de nuestra práctica es que le permite al yo tomarse un descanso. Vengo a la clase y hago los ejercicios que indica el profesor, no los que se me ocurren a mí. Los hago siguiendo el ritmo que marca el profesor, no mi propio ritmo. Al hacer la forma de taichi chuan pongo toda mi atención en los detalles de la técnica y en los movimientos de mis compañeros de práctica, para movernos todos al unísono como un único cuerpo. Durante la clase, el yo es poco importante y no me fijo demasiado en mí mismo, a menos que sea para corregir mis errores y perfeccionarme.

-El tui shou me ayuda mucho a practicar esa conexión con el otro -dijo Eduardo-. Para avanzar en tui shou es importante olvidarse de uno y aprender a “escuchar” al otro para luego actuar de manera eficaz.

-Pero ¿qué pasa con la gente que está tan ocupada por el bienestar de los demás y se olvida de sí misma? -preguntó Haruko-. Conozco a una persona que vive preocupada por los padecimientos de otros y no resuelve asuntos personales más urgentes.

-Antes que nada es necesario resolver los asuntos propios -dije-. Cuando se avanza en la práctica, el amor que anida dentro de uno empieza a despertar. Tomamos conciencia de nuestras acciones y de las consecuencias de esas acciones sobre nuestra vida. Con voluntad y disciplina dejamos de hacer aquello que nos daña y adoptamos hábitos que nos ayudan a mantenernos sanos, despiertos y fuertes. Esa es la primera etapa del amor: el amor y la compasión hacia uno mismo. A medida que vamos poniéndonos fuertes, podremos llegar más lejos con nuestro amor, alcanzando a aquellos que están más cerca, los familiares. Luego, los amigos, los compañeros de trabajo, los vecinos del barrio y todos los seres vivientes. Pero antes de tratar de ayudar a otros, tengo que estar fuerte y tener mis asuntos en orden. De lo contrario, mi ayuda a los demás no será eficaz y terminaré agotándome.
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Autor: Daniel Fresno

 

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