Tengo que contar esta historia

compasion

El viernes pasado, durante el Entrenamiento Kettlebell, estaban podando los árboles del parque. Es la poda que se hace todos los años antes de la primavera. Trabajadores con motosierras trepaban escaleras y cortaban ramas aquí y allá. Luego cargaban lo cortado hasta una poderosa máquina trituradora que convertía todo en polvo y, como inesperado resultado, generaba un fuerte olor a eucalipto que envolvía el parque. El perfume le dio un sabor especial a la práctica de esa mañana.

De pronto, uno de los trabajadores que metía ramas en la máquina trituradora se acerca al árbol que está al lado nuestro. Trae en su mano una rama y sobre la rama, una enorme araña. El hombre apoya suavemente la rama contra el árbol y espera con paciencia que la araña se suba al tronco, para luego volver a su tarea. Los que fuimos testigos de esto quedamos impresionados por ese gesto de misericordia.

¿Qué habrá sentido la araña al ser expulsada brutalmente de su hogar durante la poda? ¿Qué llevó al trabajador a ejercer la compasión ante una criatura tan pequeña y con tan mala reputación como la araña?

Dicen que se puede conocer a un hombre por la manera en que trata a aquellos que están bajo su poder.

Al volver a casa pensaba: tengo que contar esta historia porque nunca va a salir en la tapa de los diarios.

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Autor: Daniel Fresno
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