La verdad sobre la violencia

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Sam Harris es un filósofo y escritor norteamericano autor de “El fin de la fe” y otros ensayos sobre las religiones. Este polémico artículo publicado en su blog habla sobre la violencia y expone 3 principios básicos para lidiar con ella.

La violencia humana es un tema incómodo que a todos nos cuesta pensar y la mayoría de la gente prefiere evitarlo como si se tratara de un asunto ajeno, exclusivo de la policía o las autoridades. Como si esto fuera poco, circulan muchos mitos -la mayoría de ellos alimentados por el cine y los medios de comunicación- que impiden un enfoque serio sobre la violencia, cómo prevenirla, cómo evitarla y cómo actuar cuando ya es inevitable. Eso es lo interesante del artículo de Harris: tiene mucho realismo y sentido común.

Los reflexiones, conclusiones y consejos volcados aquí se basan en las leyes, estadísticas y tendencias criminales específicas de los EE.UU., por lo que es recomendable hacer una lectura crítica, especialmente de las estrategias sugeridas en el “principio 3”.

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La verdad sobre la violencia. Tres principios de auto-defensa

Cuando era adolescente tuve la oportunidad de volar en un helicóptero de la policía sobre una ciudad muy importante de los Estados Unidos. Ingenuamente, pensé que iba a ser una experiencia tranquila. Tal vez no haya delitos entre las 8:00 y las 10:00 de la noche de un sábado. Sin embargo, desde el momento en que estuvimos en el aire, había una emergencia nueva cada quince segundos: disparos… una violación en curso… una persona apuñalada… Era una tras otra. Por supuesto, la impresión que esto me dejó fue, en parte, el resultado de un sesgo de muestreo: estaba escuchando nada más que los informes de incidentes de una ciudad de 4 millones de habitantes. La mayoría de esas personas tal vez nunca se encuentren ante una situación directa de violencia. (Nadie llama a la policía para decir que “Está todo bien”). Sin embargo, me sirvió para descubrir el caos que se escondía en los márgenes de mi rutina diaria. A pocos minutos de donde yo podría estar cenando, se estaban cometiendo violaciones, robos y asesinatos.

Así como es prudente usar el cinturón de seguridad cuando vamos en auto, también es bueno saber cuál es la mejor manera de responder a la violencia. De hecho, es muy probable que algunos de ustedes se conviertan en objetos de la violencia en el futuro. El propósito de este artículo es ayudarle a prepararse para ella. Aunque no me considero un experto en seguridad personal, sé lo suficiente como para tener opiniones sólidas. En mi juventud practiqué artes marciales durante muchos años y di clases de defensa personal en la universidad. Mi formación incluye el trabajo con armas de fuego y otros tipos de armas.

Con el paso de los años dejé de entrenar y me dediqué a otras cosas, pero mi interés en la defensa personal resurgió en los últimos tiempos. Es difícil decir por qué. Seguramente el haber recibido algunas amenazas de muerte tuvo algo que ver. Pero creo que el estar a cargo de una familia jugó un papel mucho más determinante. Ahora me siento responsable de la seguridad de las personas más cercanas a mí.

En mi experiencia, la mayoría de la gente no quiere pensar en la realidad de la violencia humana. Tengo amigos que duermen con sus puertas sin trabas y que nunca se les ocurriría recibir instrucción en defensa personal. Para ellos tener armas representa un feo e incivilizado coqueteo con la paranoia. Afortunadamente, la mayoría de estas personas nunca se enfrentará con alguna forma de violencia. Y esta buena suerte hará que su despreocupación parezca perfectamente justificada.

Pero aquí están los números: en 2010, hubo 403,6 delitos violentos por cada 100.000 personas en los Estados Unidos. (La buena noticia: se trata de una disminución global del 13,4 %  respecto a los niveles de 2001). Por lo tanto, el estadounidense promedio tiene una posibilidad entre 250 de ser robado, asaltado, violado o asesinado cada año. En realidad, la oportunidad es probablemente mayor que esto, porque sabemos que ciertos delitos, tales como el asalto y la violación, no son reportados.

Por supuesto, los riesgos varían dependiendo de quién sea usted y dónde viva. En Compton, una de las zonas más peligrosas de Los Ángeles, las probabilidades de experimentar delitos violentos en 2010 fue de 1 en 71. En cambio, en Beverly Hills, eran de 1 en 458. Sin embargo, incluso en los barrios buenos, la probabilidad de ser atacados no es remota. En la relativa seguridad de Beverly Hills, suponiendo que la tasa de criminalidad se mantuviera constante, la probabilidad de ser robado, asaltado, violado o asesinado en algún momento durante los próximos 30 años es de 1 en 16. (El riesgo promedio en los EE.UU. es de 1 en 9). Una vez más, estas estadísticas sin duda pintan una imagen demasiado optimista, ya que muchos delitos no se denuncian.
Puede parecerle fuera de lugar prepararse y preparar a su familia para responder a la violencia, pero no hacerlo es también una forma de preparación. La falta de preparación es, en general, una manera de prepararse para hacer las cosas mal. Aunque la mayoría de nosotros somos capaces de reconocer un peligro, nuestros instintos a menudo nos llevan a comportarnos de maneras que aumentan nuestras posibilidades de ser heridos o muertos cuando surge una amenaza.

¿Por qué las personas civilizadas como nosotros simplemente no confiamos en la policía? Es simple, mire a su alrededor. ¿Ve a algún policía? A menos que usted sea un agente de policía o esté casada ​​con uno, es muy poco probable que al ser atacado haya cerca un agente de la ley. El papel de la policía es responder a raíz de un delito y, con un poco de suerte, atrapar a la persona que lo cometió. Si alguna vez fuera blanco de un asalto violento, el que usted o su familia resulten heridos o muertos dependerá de lo que haga en los primeros momentos del encuentro. Por lo tanto, cuando se trata sobrevivir, usted estará completamente por su cuenta. Cuando haya escapado y esté en un lugar seguro, puede llamar a la policía. Pero marcar el 911 cuando un intruso ha ingresado en su casa no es una buena estrategia de defensa propia.

Sin embargo, aprender defensa personal no tiene por qué consumir su vida. La preparación más importante es a nivel mental. Si bien es recomendable recibir algún entrenamiento físico, es muy importante comprender la dinámica de la violencia.

Principio 1: Evite a las personas peligrosas y los lugares peligrosos

El objetivo principal de la auto-defensa es evitar convertirse en víctima de la violencia. La mejor manera de hacerlo es no estar allí donde la violencia es probable que ocurra. Por supuesto, esto no siempre es posible, pero sin dudas, es su primera y mejor línea de defensa. Si usted visita  barrios peligrosos por la noche o camina solo y desarmado por lugares donde se juntan borrachos, estará corriendo un obvio riesgo.

Una vez conocí a un experimentado artista marcial que decidió caminar una noche por el Central Park. Él era consciente del peligro, pero pensó “tengo un cinturón negro en karate. ¿Por qué no podría pasear por donde quiera?”. Esta pregunta retórica fue contestada casi de inmediato. Mi amigo había recorrido apenas un centenar de metros en la oscuridad del parque cuando aparecieron ante él tres hombres, uno de los cuales le clavó una aguja hipodérmica en el muslo sin decir una sola palabra. Nuestro héroe salió corriendo pero vivió atormentado los siguientes tres meses preguntándose si estaría infectado con VIH, hepatitis o alguna otra enfermedad de transmisión sanguínea. Mi amigo ahora está bien, pero la anécdota tiene una moraleja: no importa cuál sea su formación, no hay que ser tonto.

Además, todos los hombres deberían aprender a reconocer y evitar las situaciones previas a la agresión. Este es un asunto del cuál las mujeres generalmente no tienen qué preocuparse. Por ejemplo, es muy raro que una mujer se encuentre envuelta en una conversación así:

-¿Qué estás mirando, imbécil?

-¿A quién le decís boludo?

-Vos, imbécil. ¿Qué te pasa?

Sin embargo, los hombres jóvenes son fácilmente atraídos por los juegos de dominación social de los que ninguna de las partes puede salir sin quedar mal. La violencia que estalla en esos momentos es tan innecesaria como predecible. Si desea conservar su salud y mantenerse fuera de la cárcel, usted debe aprender a evitar o resolver este tipo de conflictos.

Cuando un conflicto se vuelve físico, siempre hay un riesgo de que alguien termine gravemente herido o muerto. Imagine pasar un año o más en la cárcel porque no pudo resistir la tentación de darle una piña a algún idiota que se la merecía, pero que al caer se golpeó la cabeza en el cordón de la vereda y murió a causa de una lesión cerebral. Desde el punto de vista legal, cuando usted participa de una violencia evitable de este tipo -aceptando un desafío o escalando un conflicto- pierde todo derecho legal a la legítima defensa. En cambio, se meterá en medio de una pelea, que es ilegal y en este caso, además, habrá matado accidentalmente a su oponente. Lo más probable es que termine perfeccionando su estilo de pelea en la cárcel. (Sin contar los honorarios de su abogado y tal vez una demanda civil posterior que podría fácilmente llevarlo a la quiebra). Un concepto importante: la auto-defensa no es ganar peleas con tipos agresivos que probablemente tienen menos que perder que usted.

Aquí se esconde otro principio que debe hacerse explícito: nunca amenace a su oponente. Cuando el otro lo desafía verbalmente está buscando que usted responda de tal manera que se sienta justificado en atacarlo. Usted no debe colaborar en este proceso o anunciar su intención de defenderse. Aún cuando la violencia parezca inevitable y decida atacar preventivamente, debe hacerlo desde una postura aparentemente no agresiva, manteniendo el elemento de sorpresa. (Esto requiere entrenamiento). Arremangarse la camisa y ponerse de acuerdo para luchar no tiene sentido en una situación de auto-defensa.

Por lo tanto, ya sean cuestiones de ego o problemas para auto-controlarse, le conviene resolverlos antes de verse en medio una situación de violencia. Debe olvidarse de “salvar el honor” y ser conciente de que si alguna vez se encuentra metido en una competencia de dominio social, usted probablemente sentirá una profundo impulso a decir o hacer las cosas mal. Elaborar con anticipación un posible curso de acción es la mejor protección contra la conductas estúpidas fruto de la “calentura”. El gran desafío es negarse a jugar ese antiguo juego que está escrito en las células de cada hombre. Si quiere evitar la violencia innecesaria, debe mantener su mono interno con la correa muy corta.

-¿Qué estás mirando, imbécil?

-Nada, disculpe. Estoy un poco distraído. Tuve un día difícil.

Enfriar la situación y seguir camino.

Usted también debería aprender a confiar en sus sentimientos de aprensión que le despiertan ciertas personas. Este puede parecer un consejo muy deprimente. Y lo es. La mayoría de nosotros no quiere ver el mundo de esta manera y hacemos grandes esfuerzos para evitar ser groseros o aparecer racistas, desconfiados, etc. Sin embargo, los depredadores violentos siempre juegan con esta actitud civilizada. La verdad es que la mayoría de nosotros somos muy buenos en la detección de maldad y segundas intenciones de los demás. Tenemos que aprender a confiar en estas intuiciones. Leyendo los informes de violaciones, asesinatos, secuestros y otros crímenes violentos se descubre con qué facilidad las buenas personas pueden ser manipulados por las malas.

Usted no está obligado a darle el beneficio de la duda, por ejemplo, al extraño que tocó el timbre de su puerta o hacia el tipo que acaba de pararse demasiado cerca suyo en la calle.

Si alguien que le hace sentir incomodidad se acerca a usted en el ascensor, aléjese y salga. Si un tipo con aspecto sospechoso se acerca a usted mientras está sentado en su coche, no es necesario que baje la ventanilla para tener una conversación. Las víctimas de delitos a menudo tienen la sensación de que algo está mal en los primeros momentos del encuentro con sus atacantes, pero se sienten socialmente inhibidas para crear la distancia necesaria y escapar.

Principio 2: No defienda su propiedad

Sea cual sea su formación, debe ver cualquier invitación a la violencia como una oportunidad para morir o para terminar en la cárcel por matar a otro ser humano. La violencia debe ser realmente el último recurso. Por lo tanto, si alguien le pone una pistola en la cara y exige su cartera, deberá entregarla sin dudar y salir corriendo.

Si mira por la ventana de la cocina y ve a un grupo de jóvenes destruyendo su coche usted debe permanecer dentro de la casa y llamar a la policía. No importa si usted es un comando de la Armada que tiene la escopeta cargada al lado de la puerta. Usted realmente no quiere matar a un adolescente por vandalismo y tampoco desea recibir un disparo por dudar al momento de apretar el gatillo. A menos que usted u otra persona esté siendo atacado físicamente o a punto de ser atacado, su única preocupación debe ser evitar la violencia.

Principio 3: Responda inmediatamente y escape

Si usted tiene los principios 1 y 2 bien grabados en el cerebro, cualquier tipo de violencia con la que se encuentre será, por definición, inevitable. Saber esto tiene mucho poder: cuando se encuentre sin opciones, usted es libre de responder con total decisión.

Este es el principio básico de la auto defensa: haga todo lo posible para evitar la confrontación física, pero cuando ya es imposible evitarla ataque de manera explosiva con el propósito de escapar, no para hacer justicia o para darle una lección a un matón o para atrapar a un delincuente. Su objetivo será escapar recibiendo un traumatismo mínimo y hacerle al atacante el daño necesario para asegurar su escape.

Si usted se encuentra en tal situación, debe asumir que su oponente es un criminal de carrera que ha victimizado a muchos otros antes que usted.  No pierda un instante imaginando que se puede razonar con él. La mayoría de las víctimas de la violencia están tan aterrorizados de ser herido o muerto que creen cualquier promesa de un depredador. Es fácil entender por qué.

Imagínese: usted está cargando las bolsas de las compras en su coche y un tipo aparece con un arma de fuego.

-Metete en el coche y no te lastimaré.

Su instinto probablemente se equivoque aquí: entrar en el coche es lo último que debe hacer.

-Métete en el coche o te vuelo la cabeza.

Por más feas que parezcan sus opciones en este momento, acceder al pedido de alguien que busca controlar sus movimientos es una mala idea.

Sí, hay criminales cuyo único objetivo es robar su propiedad. Pero cualquiera que intente controlarlo –llevándolo a otra habitación, metiéndolo dentro del auto, atándolo- probablemente tenga la intención de matarlo o algo peor. Y hay que entender de antemano que su reacción natural a esta situación -paralizarse y cumplir con las demandas- será equivocada.

Si alguien pone una pistola en su cabeza y exige su cartera o billetera, usted la entregará de inmediato y saldrá corriendo. No se preocupe por recibir un disparo por la espalda: si el atacante va a disparar cuando usted huye, seguro que iba a dispararle si se quedaba en el lugar y a quemarropa. Al huir usted se hace más difícil de matar. Cualquier intento de moverlo, aunque sea unos pocos metros, hacia un callejón o detrás de unos arbustos, es inaceptable y debe movilizar todos sus recursos físicos y emocionales.

Si usted se encuentra en una situación en la que el atacante está tratando de controlarlo, no es tiempo de escuchar instrucciones y tratar de mantener la calma. Será difícil resistir y escapar después de estos primeros momentos. La presencia de armas, el tamaño o el número de sus atacantes, son detalles irrelevantes. Sin embargo, si la situación es mala, sólo va a empeorar. Dudar es ponerse en manos de un psicópata. Usted no tiene más remedio que explotar y entrar en acción, sea cual sea el riesgo. Reconocer cuándo se ha cruzado esta línea y asumir el compromiso de escapar a toda costa, es más importante que el dominio de las técnicas físicas.

Aquí aparece una distinción crucial entre las artes marciales tradicionales y las más realistas de defensa personal. La mayoría de los artistas marciales entrenan para una “pelea”. Los adversarios se ponen en guardia y todos están listos antes de empezar el intercambio de técnicas. Esto no simula la violencia real. Así uno no se prepara para responder con eficacia a un ataque repentino, en el que seguramente ya recibió un golpe antes de darse cuenta de que está en riesgo. No le enseñan a atacar preventivamente, sin telegrafiar sus movimientos, una vez que haya determinado que un ataque es inminente.

No importa cuáles sean sus habilidades físicas, cuando usted se compromete a utilizar la fuerza contra el agresor, su objetivo primordial sigue siendo escapar. Incluso si usted está en casa, en posesión de un arma de fuego y bien entrenado para usarla, cuando se enfrenta a un intruso la mejor defensa es salir de la casa lo más rápidamente posible. En tal circunstancia, un arma de fuego será un medio para asegurar que nadie pueda bloquearle la salida.

Nada bueno les ocurren a las personas que se dejan llevar a una ubicación remota a merced de un depredador violento. La policía llama a esos lugares “la escena del crimen secundaria.” Son lugares ventajosos para el atacante y muy malos para su víctima, ya que están más aislados que el primer punto de contacto. A pesar de que su hogar puede ser el lugar más conocido en la tierra, en el momento que un intruso entra, se convierte en el equivalente de una escena del crimen secundaria. También debe esperar que cualquier delincuente que irrumpe en su casa cuando usted está adentro ha de estar preparado para matarlo a usted y su familia. A los lectores ingenuos, esto puede sonarles muy paranoico. No lo es. Los ladrones comunes se aseguran de que la casa esté vacía antes de entrar.

Si una ventana se rompe en medio de la noche y alguien entra a través de ella, su vida está en riesgo. No hay nada de que hablar, no hay que ofrecer dinero o joyas. Usted debe hacer todo lo necesario para escapar.

Una de las características más comunes y preocupantes de las invasiones al hogar es que el delincuente utiliza la preocupación de las víctimas por los demás y el deseo de permanecer juntos como una herramienta de dominación. Mediante la explotación de estos lazos afectivos un solo atacante puede inmovilizar a una familia entera. Simplemente poniendo un cuchillo en la garganta de la mujer puede conseguir que el marido se deje amarrar. Es muy natural que las víctimas en estas circunstancias tengan la esperanza de que si cooperan el agresor tendrá misericordia. Hay una ley que debe grabar en su mente: cuando se hace evidente que el agresor quiere algo más que su dinero u objetos de valor, debe escapar.
(…)

Así lo ve la policía:
Desde el punto de vista de un policía, los ciudadanos siguen cometiendo los mismos errores una y otra vez, hasta que todos los casos comienzan a parecerse. El objetivo de un criminal violento es controlar, emocional y físicamente. Todo lo que hace, sus amenazas y promesas, tienen la intención de aterrorizar y controlarlo. Cuanto más control le de al criminal violento, incluso si usted cree que es algo temporal, menos probabilidades tendrá de escapar. Para la mayoría de las víctimas, la colaboración temporal termina convirtiéndose en un control total sobre ellas. El tiempo trabaja en contra de la víctima y a favor del delincuente. Cuanto más tiempo pase, cuanto más hable, más profundo se estará hundiendo. (S. Strong. “Strong on Defense”. pág. 49-50)

La verdadera auto-defensa no se basa en técnicas, sino en principios. Sí, es bueno saber cómo lanzar un golpe con la palma de la mano o un codazo a la cabeza con poder real (técnica), pero es mucho más importante saber cuándo hay que entrar en acción utilizando todos los recursos que tenga con el propósito de escapar inmediatamente (principio). Es necesario que instale un gatillo disparador en su mente para actuar de manera explosiva cuando se haya cruzado determinado límite. También debe saber que surgirá un impulso inhibitorio tendiente a paralizarlo y aceptar las condiciones del agresor con la esperanza de evitar lesiones o la muerte.

La preparación mental es una cuestión  que hay que resolver por adelantado, para ser capaz de estallar más allá de las inhibiciones y escapar de inmediato, o pelear con todo lo que tenga hasta poder escapar.

Algunos escenarios son intrínsecamente confusos y deben ser discutidos con su familia por adelantado ¿Qué pasa si una persona vestida como un oficial de la policía viene a su puerta y pide entrar? A menos que esté absolutamente seguro de que es un policía -por ejemplo, se puede ver que llegó en un coche de policía- usted debe negarse explicando que no hay manera de saber quién es él y luego llamar a la policía. Miles de crímenes se cometen cada año por gente que se hace pasar por policías. (Cualquiera puede comprar un uniforme y una placa a través de Internet). Del mismo modo, muchas invasiones de hogar empiezan con el criminal haciéndose pasar por una persona en peligro: una mujer o un adolescente puede llegar a su puerta informando de un accidente o alguna otra emergencia. Una vez más, lo más seguro es mantener su puerta cerrada con llave y llamar a la policía.

Por último, usted no necesita aprender cientos de técnicas para ser competente en los aspectos físicos de la legítima defensa. Por el contrario, debe entrenar un pequeño número de habilidades hasta que se conviertan en un reflejo.

Es desagradable estudiar los detalles del crimen y la violencia y por esta razón muchos de nosotros nunca lo hacemos. Estoy convencido, sin embargo, que un poco de planificación y preparación puede reducir el riesgo de cualquier persona. Y aunque hay excepciones a la regla, no creo que haya excepciones importantes a los consejos que expuse aquí. Espero que nunca tenga necesidad de usarlos.

Lecturas recomendadas:

“The Gift of Fear” de G. de Becker
“Meditations on Violence” de R. Miller
“Facing Violence” de R. Miller
“Strong on Defense” de S. Strong
“The Fence” de G. Thompson
“Dead or Alive” de G. Thompson

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Autor: Sam Harris
Traducción al español: Daniel Fresno
Fuente: http://www.samharris.org/blog/item/the-truth-about-violence

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