Las trampas de la percepción

guardia nocturna
Hace poco circulaba por las redes sociales esta foto, seguramente tomada en el Rijksmuseum de Amsterdam. Al fondo se ve “La guardia nocturna”, el famoso cuadro de Rembrandt y, en primer plano, un grupo de adolescentes absortos en sus celulares.

La foto despertó muchos comentarios. La mayoría interpretaba la situación así: en lugar de apreciar la belleza de una obra maestra que está a pocos metros, los jóvenes pierden su tiempo con el celular.
Confieso que mi primer pensamiento al ver la foto tuvo un tono parecido. Me dije: las nuevas tecnologías de comunicación, en lugar de ayudar a comunicarnos, nos aislan más. En este caso, impiden que los chicos puedan conectarse con lo que Rembrandt transmite a través de su obra.

Fue grande mi sorpresa al leer el comentario de la profesora de arte que colgó la foto. Ella había ido con sus alumnos a visitar el museo. Vieron las obras, hablaron y discutieron sobre las mismas.  Aquí hay otra foto del grupo de estudiantes con la profesora en el museo.

Para terminar, la profesora les dio a sus alumnos la tarea de buscar en Internet información adicional sobre los cuadros que habían visto y sus autores. Eso es lo que estaban haciendo cuando fue tomada la foto tan cuestionada.

¿Por qué llegamos a tener una percepción tan distorsionada de esa foto?
Porque nuestra mente suele estar enredada en emociones, creencias, ideas y prejuicios que funcionan como unos anteojos empañados. El famoso “cristal con que se mira” la realidad. Estos anteojos no nos permiten ver las cosas como son; por el contrario, nos las muestran teñidas y distorsionadas. Esto nos provoca serios problemas de comunicación y enorme sufrimiento.

Años atrás, un compañero de trabajo, terminada su tarea, se preparaba para volver a casa. Como lo veía revisando insistentemente su escritorio, le pregunté qué buscaba.
-No encuentro mis anteojos. No sé dónde los dejé -respondió impaciente.
-Los tenés puestos -le dije.

Los “anteojos mentales” son parte de nuestra historia personal y de nuestra identidad. Uno puede elegir dejárselos y seguir mirando el mundo a través de ellos, cambiarlos por otros o, en el mejor de los casos, quitárselos para ver las cosas sin filtros. El problema surge cuando no nos damos cuenta de que los llevamos puestos.

Lo valioso de la meditación, el taichi chuan, el chi kung o el chan chuang es que nos permiten tomar conciencia de esas ideas, emociones, creencias que llevamos dentro y distorsionan nuestra percepción. Llegado el caso, podemos aprender a dejarlas de lado para ver, escuchar y sentir la realidad tal cual es.
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Autor: Daniel Fresno

 

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