¿Pandemia de Codiciavirus?

por Daniel Fresno

Hablemos de la codicia, ese deseo de poseer más y más cosas.

Todos lo seres vivos tenemos un impulso vital que nos empuja a respirar cuando nos falta el aire, a buscar agua cuando tenemos sed y a buscar comida cuando sentimos hambre. Para sostener la vida hay que satisfacer ciertas necesidades básicas y tenemos el derecho y el deber de hacerlo. Pero a veces buscamos tomar más de lo que necesitamos. Ahí aparece la codicia.

¿Es la codicia una energía específicamente humana? Mi perra tiene una conducta codiciosa con la comida. Llegó a mi casa cuando ya era adulta y sé que en sus primeros años de vida pasó hambre y tuvo que rebuscárselas en la calle. Hoy, a pesar de que la alimentamos todos los días, cada vez que salimos a pasear devora todo lo que encuentra. Esa costumbre le provocó varias indigestiones. Pero luego de recuperarse vuelve a buscar comida en la calle.

Si bien hay rasgos en los animales, la codicia alcanza su máxima expresión en los seres humanos. Durante la pandemia fue noticia que Jeff Bezos, el dueño de amazon.com aumentó su fortuna en 13 mil millones de dólares en un solo día: el pasado lunes 20 de julio. Para tener una idea de la magnitud de esa suma pensemos que en los últimos años Argentina se endeudó con el FMI por 44 mil millones de dólares. Nunca el FMI le prestó tanto dinero a un país y todos coinciden en que devolverlo demandará varias décadas de sacrificios. Pues el Sr. Bezos podría saldar esa deuda con lo que gana en 3 o 4 lunes como aquel. ¿Qué motiva a alguien a acumular tanto dinero que sería imposible de gastar en varias vidas?

Ganadores

Todos vivimos dentro de ciertos límites biológicos: el nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. Todos esos límites implican una pérdida dolorosa. El nacimiento es la pérdida del paraíso. La enfermedad implica perder la salud. El envejecimiento implica perder la vitalidad, la potencia, la belleza física. Pero de todos los límites biológicos el más temido es la muerte, que implica perderlo todo. La codicia encierra el deseo inconciente de vencer a la muerte. Si la muerte implica pérdida, la codicia nos promete ganancias. Ganar y luego de haber ganado, querer ganar más todavia. Los grandes exponentes de la codicia se presentan a sí mismos como «ganadores».

Pero la codicia no busca únicamente ganar y acumular dinero y bienes materiales. Hay quienes acumulan «conquistas» amorosas. Hay quienes acumulan poder e influencia. Hay quienes acumulan premios, reconocimiento y «me gusta». Hay quienes acumulan libros e información. Y también hay, como en el caso de mi perra, codicia por la comida. De hecho la pandemia de covid-19 tuvo su origen en la codicia por la comida.

El Codiciavirus

Los chinos son mil cuatrocientos millones de personas. Todos ellos aspiran a un mejor nivel de vida, especialmente ahora que son una potencia mundial. El problema es que creen que vivir bien significa comer más carne. En 1982 China consumía 13 kilos de carne por persona al año. En 2017 ese consumo subió a 63 kilos (*). Este aumento en la demanda los llevó a desarrollar las granjas industriales de cerdos, un sistema infernal en el que los animales viven bajo un estrés constante desde el nacimiento hasta la muerte. En ese ambiente los cerdos se deprimen y enferman fácilmente. Así se sucedieron diferentes epidemias hasta que en 2018 estalló la peste porcina. Para detener su propagación fueron muertos entre 150 y 200 millones de cerdos y así la oferta de carne se redujo drásticamente.

Pero como los chinos seguían convencidos de que para tener una buena vida hay que comer carne, empezaron a cazar animales salvajes. Así proliferaron los mercados donde se comercializan serpientes, murciélagos, zorros, pangolines y otros animales exóticos. En uno de esos establecimientos en la ciudad de Wuhan, un virus habitual en los animales salvajes «saltó» al ser humano, dando lugar a la actual pandemia.

Lo más irónico es que varias generaciones de chinos que durante décadas, con esfuerzo y creatividad construyeron la grandeza de su país, tenían muy poca carne en su dieta. La fuerza para construir el poderío actual de China la obtuvieron sobre todo de granos, verduras, frutas y semillas. Si realmente fuera necesario comer mucha carne para hacer un país fuerte, Argentina hoy sería una potencia mundial.

Hábitos de consumo

La semana pasada, cuando hablamos sobre el karma vimos que estudiando el presente podemos darnos cuenta de las acciones del pasado que lo generaron. Todo en este mundo tiene una causa y condiciones que le dan origen. El colapso ambiental que estamos viviendo y que pone en riesgo la supervivencia de la especie tiene su origen en acciones humanas motivadas por la codicia. Si queremos torcer este rumbo desastroso es indispensable trabajar sobre la codicia.

Esto implica en principio echar luz sobre nuestros hábitos de consumo. Antes de comprar algo es importante que nos preguntemos si realmente lo necesitamos. Averigüemos también cuánto trabajo humano tiene detrás. Cuánto sufrimiento fue necesario para producirlo. Cuántos gases de efecto invernadero se liberaron a la atmosfera hasta que llegó a nuestras manos. Esto nos hará consumidores responsables y concientes.

La industria de la carne tiene relación directa con los incendios que hoy conmueven a la opìnión pública argentina. Los que provocan los incendios buscan preparar la tierra para el pastoreo o para sembrar granos destinados a engordar ganado. Cuando compramos carne estamos alentando un negocio que necesita de los incendios y la deforestación para prosperar.

¿Valió la pena?

La codicia, el deseo desmedido de acumular dinero, poder, comida, nos trajo hasta aquí. Durante varios siglos sembramos guiados por la codicia y ahora estamos cosechando unos frutos brutalmente amargos. La Naturaleza nos pasó la factura y es momento de evaluar si valió la pena. Tal vez los beneficios obtenidos justifiquen el precio que estamos pagando. Si destruimos el equilibrio natural pero al menos logramos ser felices, habría valido la pena. ¿Somos más felices ahora? ¿Estamos más satisfechos que hace cien años cuando los océanos estaban libres de plástico?

La codicia no permite sentir satisfacción, disfrutar ni agradecer lo ganado. Es insaciable y luego de haber ganado, ya está planeando la próxima conquista. Entonces ¿existe una salida a esta conducta autodestructiva del ser humano? Sí, la salida consiste en dejar de pretender conquistar el mundo exterior y empezar a conquistar el mundo interno. Porque en esa búsqueda interior el practicante descubre su verdadera naturaleza de amor y sabiduría y así se conecta con el Universo. Esa conexión con el infinito cierra la herida, el pozo sin fondo que intenta llenar la codicia.

Hay una anécdota de Buda que ayuda a ilustrar esto. Una vez alguien con actitud desafiante le preguntó: «¿Se puede saber qué has ganado con tanta meditación?». A lo que Buda respondió: «Debo admitir que no gané nada. Es más, perdí mucho. Perdí el miedo a la enfermedad, perdí el miedo a envejecer, perdí el miedo a la soledad y perdí el miedo a la muerte». Había descubierto la cura para el codiciavirus.

Gracias por escuchar.

(*) https://www.lavanguardia.com/comer/tendencias/20170608/423242625438/china-no-sabe-como-alimentar-a-todos-sus-ciudadanos.html