¿Qué semilla estoy regando?

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La violencia contra la mujer es uno de los temas que está debatiendo nuestra sociedad. Este tipo de violencia tiene su origen en el machismo, una ideología que considera a la mujer inferior al varón.
En agosto de este año se conocieron las declaraciones de un músico de rock (Gustavo Cordera) justificando las violaciones a mujeres. Todo el mundo habló de eso y un amigo mio publicó en las redes sociales un texto que decía más o menos así: “el machismo de Cordera me hizo mirar hacia adentro, hacia mi propio machismo“, y luego declaraba su deseo de deshacerse del mismo, “como quien se quita una costra adherida a la piel“.

Lo primero que escribió mi amigo me parece muy atinado. Cuando vemos que alguien comete una monstruosidad es sabio mirar hacia adentro a ver si no hay también algo de ese monstruo en nosotros. Sobre la última parte, esa en la que propone desprenderse del monstruo -en este caso el machismo- hablaremos más adelante.

Hace pocos días, al calor de una masiva marcha en repudio a la violencia contra la mujer, un dibujante publicó una imagen que, bajo el título “matá al macho que hay en vos”, mostraba a un varón que se clavaba una katana, con la cual ponía fin al monstruo interno del machismo.

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Tanto el dibujo como el texto de mi amigo descansan sobre la idea de que los demonios internos pueden matarse, erradicarse para siempre. Este es un concepto errado.  La imagen del héroe luchando contra sus demonios internos y aniquilándolos es atractiva, pero es ilusoria. Creer que podemos deshacernos de un aspecto oscuro nuestro como quien se amputa un brazo enfermo, es un auto-engaño. 

La mente humana es como tierra fértil y en ella hay semillas de todo tipo. ¿Cómo llegaron ahí esas semillas? Tienen orígenes diversos. Algunas fueron sembradas por nuestros padres y familiares, los maestros en la escuela, los amigos, los medios de comunicación, nuestros artistas favoritos y muchas las plantamos nosotros. Más allá de su origen, esas semillas siempre van a estar ahí.

Unas semillas darán frutos de amor, compasión, respeto e iluminación. Otras semillas darán frutos de miedo, odio y codicia. ¿Por qué al cultivo espiritual le dicen “cultivo”?  Porque se parece mucho al trabajo del agricultor. Si nutrimos y regamos las buenas semillas, más tarde cosecharemos buenos frutos. Por eso es tan importante estar atentos a qué semillas alimentamos cotidianamente con nuestro pensamiento, con nuestras palabras y con nuestras acciones. Esa pequeña gran tarea es de todos los días, en todo momento. Es estar atentos aquí y ahora.

A los alumnos siempre les digo que el taichi chuan, entre otras cosas, nos ayuda a fortalecer la atención, ese músculo de la mente que suele estar flojo y sin fuerza. Ese entrenamiento de la atención logrado con el taichi chuan podemos aplicarlo luego a los demás aspectos de la vida.

El machismo es una semilla que está enterrada en el fértil campo de nuestra mente, y no sólo en la mente de los varones. Está ahí por alguna causa y no es posible erradicarla o “matarla”. Lo que sí podemos hacer es dejar de nutrirla. ¿Cómo? Poniendo atención en qué clase de alimento le estamos dando a nuestra mente. ¿Qué ideas están instalando en mi mente los libros que leo, los programas de tele que miro, las películas que veo? ¿Qué clase de semilla están alimentando las palabras de los otros en mi mente? ¿Con mis pensamientos, palabras y acciones estoy nutriendo las semillas del amor y el respeto?

Desarrollar la atención en el momento presente es una tarea de hormiga, muy poco espectacular, pero muy poderosa para cambiar nuestra mente y hacer del mundo un lugar mejor.

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Autor: Daniel Fresno

 

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