Las cosas del querer

Estaba entrenando en el parque. Había adoptado esa postura en la que los pies están bien separados y la cadera se flexiona para poder tocar el suelo con las manos. Todo el mundo alguna vez estuvo en una posición así, que permite estirar los aductores de los muslos y los isquiotibiales. Una pareja de mediana edad pasó cerca y el hombre dijo: “Si yo hago eso, me tienen que internar en el hospital ” y siguieron su camino.

Yo no soy una persona especialmente flexible y mi postura estaba muy lejos del split lateral. Sin embargo, el señor imaginó que si hacía algo así podría lesionarse al punto necesitar ser internado. ¿Qué lo llevó a pensar eso? Seguramente, el señor cree que hay gente flexible, capaz de abrir las piernas sin inconvenientes y gente no flexible, como él, que si abriera las piernas, se rompería. En este esquema mental binario, están los que pueden estirar sus músculos y los que no pueden. Cero o uno, no hay nada en el medio. Están los que pueden y los que no pueden.

Pero en realidad las cosas funcionan de otra manera. El poder o el no poder tienen su importancia, pero lo más importante es el querer. Ahí comienza todo, con el deseo. El poder se puede construir de a poco. Pero si no hay deseo, es imposible iniciar cualquier proyecto. Si se tiene el deseo, el querer, luego se irá construyendo el poder, gradualmente. Hay un método para progresar en cualquier área del conocimiento, basta encontrar un maestro que nos guie y aplicarnos con disciplina, paciencia y concentración. De esta manera, gradual y sin saltear etapas, se va logrando con el tiempo lo que al principio parecía imposible. El querer y el poder se nutren mutuamente.
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Autor: Daniel Fresno

 

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