Siembra y cosecha

-Hace algunos días hablamos sobre Los Cinco Recordatorios¿Se acuerdan? -pregunté a los alumnos, que pusieron cara de muchonomeacuerdo-. Hoy quisiera refrescar el quinto, ese que dice: Mis únicas pertenencias son mis acciones. No puedo escapar a las consecuencias de mis acciones. Ellas son el suelo sobre el que estoy parado.

-Entre otras cosas, este quinto recordatorio nos habla sobre el karma. Hay muchos malentendidos sobre el karma. A veces se lo confunde con la mala suerte o con el destino. Charly García hizo una canción en la que habla del “karma de vivir al sur”, como un destino que a uno “le toca”, como una circunstancia adversa a la que uno puede resistirse.

-Mi maestro explica el karma de una manera simple pero potente, recurriendo a la metáfora de la siembra y la cosecha. Todos somos agricultores de nuestra propia vida. Sembramos una determinada semilla y luego de un tiempo cosechamos el fruto de esa semilla. Sin embargo, no siempre estamos atentos a qué semilla estamos sembrando, de ahí que luego, al llegar la época de la cosecha, sufrimos mucho si el fruto es amargo.

-Muchas veces, en el momento de la siembra no nos damos cuenta de qué semilla estamos plantando. ¿Y por qué pasa esto? Porque buena parte de nuestras acciones cotidianas están basadas en hábitos. Pensamos, hablamos y hacemos cosas de manera automática, sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo, porque los hábitos son muy poderosos y así funcionan, sin que seamos conscientes de su presencia. El sufrimiento aparece cuando eso que dijimos o hicimos de manera automática nos trae consecuencias desagradables. Ahí es cuando duele y nos preguntamos ¿qué hice yo para merecer esto?

-¿Es posible, como dice la canción de García, resistir el karma? Sí, podemos resistirnos a aceptar el fruto amargo de la semilla que sembramos, pero al hacerlo estaremos acentuando más el sufrimiento. Se suele decir que la siembra es voluntaria -podemos elegir qué semilla sembrar-, pero que la cosecha es obligatoria. Es imposible evitar recoger el fruto. De esto que acabamos de decir surge una conclusión: conviene estar atentos a qué semilla estamos plantando.

-Ustedes se preguntarán ¿qué relación tiene esto con la práctica del taichi chuan? Pues uno de los principales beneficios de nuestra práctica es el fortalecimiento de la atención. Cuando hacemos taichi chuan enfocamos la mente en el instante presente. En todo momento estamos atentos a qué está haciendo cada parte de nuestro cuerpo. Este entrenamiento de la atención nos resultará muy útil en los demás aspectos de la vida.  La atención es como un faro, como una luz que ilumina nuestra vida. Cuanto más fuerte es nuestra atención, más ilumina a nuestro alrededor y mayor es la comprensión que tenemos sobre nosotros y el mundo que nos rodea. Por ejemplo, podemos echar luz sobre esos hábitos tan arraigados que nos traen tantos problemas.

-Así como en taichi chuan estoy conciente de qué están haciendo mis pies, cuando estoy con otras personas estoy atento a lo que me dicen y, más importante aún, estoy atento a qué voy a decir.  Cada vez que hablamos, sembramos una semilla en nuestra mente y en la de quien escucha. El estar atentos a lo que decimos evitará que plantemos semillas indeseadas, lo que nos ahorrará mucho sufrimiento y puede ayudarnos a tener un mejor vínculo con los demás.

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Autor: Daniel Fresno

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