Dueños de casa y visitantes

El otro día, durante la clase de bagua zhang en el parque, estábamos con Ramiro practicando las piernas de bagua, una serie de ejercicios para fortalecer piernas y caderas que se realizan avanzando en línea recta. Atravesábamos nuestro lugar de práctica de una punta a la otra. En un momento se cruzó una señora y detuvimos nuestra marcha. Cuando la señora pasó, seguimos con lo nuestro. Al rato pasó otra persona e hicimos lo mismo. Al terminar esa ronda, le dije a Ramiro:

-Vos hace poco que venís acá y nunca hablamos sobre las normas de conducta en el parque. Nosotros practicamos en este hermoso sitio, que es un espacio público y nos guiamos por este principio: si se trata de obligaciones, somos dueños de casa; si se trata de derechos, somos visitantes.

-¿Qué significa comportarse como dueño de casa? Por ejemplo, cuando las visitas se van de mi casa, yo limpio y ordeno todo aunque hayan sido las visitas las que ensuciaron y desordenaron. Nosotros llegamos al parque a la mañana y encontramos el piso cubierto de hojas y ramas que trajo el viento y de cosas tiradas por otras personas. Como si fuéramos los dueños del lugar, limpiamos nuestra zona de práctica y si nos queda tiempo, también limpiamos las zonas cercanas. De la misma manera, cuidamos las cosas del parque que son de propiedad pública como si fueran nuestras.

-¿Qué significa comportarse como visitante? Como es un espacio público, otras personas van a pasar al lado nuestro y no corresponde tener ante ellas una actitud de dueño de casa, tipo: “Oiga ¿no ve que estoy practicando? ¿Por qué no camina por otra parte?”. Ante los demás vamos a comportarnos con humildad, como si estuviéramos de visita. Si durante la práctica tenemos un rumbo de colisión con alguien que se acerca, detenemos la práctica y saludamos al que pasa con una sonrisa.

-Hacer esto también es parte de nuestra práctica espiritual. Estamos fortaleciendo la paciencia y desplegando la bondad hacia todos los seres vivos. Estamos desarrollando la tan necesaria energía de la restricción, de la que hablamos tiempo atrás.

-Lo mismo si estuviéramos practicando con armas. Muchas personas pueden sentirse amenazadas o inseguras al pasar cerca de alguien que está revoleando un palo o una espada. Por eso, durante toda la practica estamos atentos al espacio que nos rodea y, si alguien se acerca, detenemos la práctica con una actitud amable y paciente.

-Si al llegar al parque nuestro lugar de práctica estuviera ocupado por personas ajenas a la escuela, no vamos a reclamar derecho alguno. No vamos a decir: “Hace veinte años que vengo todos los días a practicar acá. ¿Por qué no te vas a otro sitio a hacer lo tuyo?”. Simplemente, nos acomodamos donde podamos. Si esto no fuera posible, buscamos otro lugar. Afortunadamente el parque es grande y hay lugar para todos.

-La conducta de los alumnos habla sobre la calidad de la escuela. Al comportarnos de esta manera estaremos generando una imagen positiva de nuestra práctica y una buena conexión con la comunidad y el entorno natural.

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Autor: Daniel Fresno