El amor y las energías del taichi chuan

Es necesario que el amor y la compasión sean equilibrados por la sabiduría. Si solo damos amor y compasión, sin nada de sabiduría, corremos el riesgo de cometer tonterías. Si solo usamos la sabiduría, sin nada de amor y compasión, corremos el riesgo de ser crueles. Es indispensable encontrar el equilibrio. El mundo necesita amor y compasión inteligentes

por Daniel Fresno

Hoy vimos las dos energías básicas del taichi chuan: peng y lu. La imagen de una pelota llena de aire servirá para ilustrarlas. Peng es una energía yang expansiva. Es la fuerza que nace del centro de la pelota y se dirige hacia la perifería, manteniéndola inflada. Peng es como un escudo que protege la integridad del centro. Peng no es una fuerza ciega, es una energía sensible, que escucha con atención la energía del adversario.

Lu es una energía yin, que atrae y desvía el ataque del adversario, preservando así la integridad del centro. Para entender cómo funcionan ambas, imaginemos a la pelota apoyada en el suelo. Si yo me paro sobre ella, la energía peng mantendrá la forma esférica de la pelota e impedirá que se abolle al pisarla. La energía lu es la que, con una pequeña rotación de la pelota, me hará perder el equilibrio y caer. Peng sostiene y escucha la fuerza del otro; lu la desvia y la hace caer en el vacío.

Recibir palos

En el encuentro del domingo pasado hablamos sobre las sensaciones de soledad y de conexión. Decíamos que la conexión más sublime y placentera que podemos establecer con el otro es cuando damos sin esperar nada a cambio. Entonces, Osvaldo contó que él varias veces le tendió la mano a otras personas y que a cambio recibió palos. Esto es algo que todos experimentamos alguna vez.

Pero antes de seguir, definamos qué es el amor, una palabra que suele ser malinterpretada. A veces «amor» encierra una carga tan pesada que mucha gente no se anima a decir: «Te amo». Pero al mismo tiempo se la suele rebajar confundiéndola con ganas o deseo. Algunos llaman «hacer el amor» a una violación. «Amo las orquídeas», dice alguien que corta las flores para ponerlas en un jarrón de su casa. El verdadero amor se expresa cuidando la planta, nutriéndola y permitiéndole prosperar.

Nos gusta la definición del maestro Thich Nhat Hanh. El dice que el amor verdadero tiene cuatro caracteristicas:
1. Es bondadoso, es decir, busca el bien y la felicidad de la otra persona.
2. Es compasivo, es decir, busca aliviar el sufrimiento de la otra persona
3. Es alegre, es decir, genera alegría tanto en uno como en la otra persona
4. Es inclusivo, es decir, no discrimina a nadie.

Todo vuelve

A mucha gente esto del amor y la compasión le puede sonar raro; cosa de hippies o de soñadores que viven en una nube de ilusión. Pero lo cierto es que pensar y actuar de manera amorosa y compasiva es una cuestión práctica de defensa propia. El mundo funciona como un espejo; nos devuelve lo que le mostramos. Si pensamos y actuamos con miedo, odio, codicia e ignorancia, el mundo nos devolverá eso. Si pensamos y actuamos con amor, compasión y alegría, recibiremos eso del mundo. Como decía Mario Benedetti, «Cuando los odios andan sueltos, uno ama en defensa propia». Es algo simple y a la vez muy poderoso.

La vida se mantiene gracias a un delicado equilibrio, por eso naturalmente buscamos recuperarlo cuando sentimos que se perdió. Pensar y actuar con amor y compasión es también una forma de equilibrar las cosas. ¿Por qué? Si estamos vivos es porque recibimos amor y compasión. El cuerpo que tenemos nos lo regalaron nuestros padres. De ellos o de otras personas recibimos cuidados y alimentación para poder crecer y sobrevivir. Recibimos todo el tiempo beneficios que son regalos de la Naturaleza y fruto del trabajo de otros seres humanos, del presente y de generaciones anteriores. Tenemos muchos motivos para sentirnos agradecidos. Retribuir de alguna manera lo recibido es una forma de reestablecer el equilibrio.

La mente de carencia

Pero en general, si le preguntamos a alguien: «¿Cómo estás?», la respuesta no es: «Estoy agradecido de estar vivo y de que la gente que amo tenga salud». Lo habitual es que la gente ponga el acento en lo que le falta. Si se habla de lo que se tiene, es para presumir, no para expresar gratitud. Es parte de la naturaleza humana enfocar la atención en lo negativo. Esta mente enfocada en la carencia es estimulada constantemente por el mercado. El domingo pasado decíamos que el objetivo principal del sistema es ganar más dinero y poder, y que para eso necesita que nosotros compremos cosas que no necesitamos. Así el sistema, a través de mecanismos sofisticados, genera falsas necesidades. Una persona que se siente agradecida, que siente que tiene una vida plena y llena de sentido, es un pésimo consumidor. Por eso el sistema nos educa para comportarnos como clientes exigentes y siempre insatisfechos, siempre deseando conseguir aquello que aún no tenemos..

El tema del amor y la compasión es difícil de aceptar porque consiste básicamente en dar. Y es muy difícil dar cuando la mente de carencia nos dice que debemos recibir, porque estamos vacíos. Y aquí aparece una cuestión clave: para poder dar, primero hay que tener algo para dar. Por eso el primer paso en el camino del amor y la compasión es aplicarlos en uno mismo. El primer acto de auténtico amor es hacer lo necesario para sostener nuestra vida y nuestra salud. También actuaremos con compasión evitando todo aquello que provoque sufrimiento a nuestro cuerpo y mente. Al hacer esto estaremos creando una base sólida para volcar el amor y la compasión hacia el mundo exterior.

Pensamiento, palabra y acción

Entrenar la mente en el amor y la compasión es el siguiente paso. Si logramos abarcar a todos los seres vivos con pensamientos sinceros de amor y compasión habremos hecho un gran progreso. Al igual que los músculos, la mente amorosa y compasiva se fortalece con la práctica cotidiana.

Entrenar el habla en el amor y la compasión es el siguiente paso. Si estamos atentos a nuestras palabras y el impacto que tienen sobre los demás, podremos hablar de manera amable, aliviando el sufrimiento y generando alegría en el otro.

En el siguiente nivel, al pasar del pensamiento a la acción la situación será diferente. Con la mente podemos abarcar a todos los seres vivos, pero nuestra capacidad de acción es limitada. Por eso es necesario invertir de manera inteligente nuestros limitados recursos prácticos. Para eso es necesario que el amor y la compasión sean equilibrados por la sabiduría. Si solo damos amor y compasión, sin nada de sabiduría, corremos el riesgo de cometer tonterías. Si solo usamos la sabiduría, sin nada de amor y compasión, corremos el riesgo de ser crueles. Es indispensable encontrar el equilibrio. El mundo necesita amor y compasión inteligentes.

El amor es para gente fuerte

Ahora ya podemos abordar el tema que trajo Osvaldo. A veces recibimos «palos» porque tratamos de ayudar sin sabiduría, volcando nuestra ayuda donde no es necesaria.

Otras veces, tratamos de ayudar sin estar bien preparados. Para poder dar, primero hay que tener en abundancia. Nuestro peng debe ser sólido, nuestra pelota tiene que estar bien inflada. El amor es tarea para gente fuerte. De lo contrario es muy probable que salgamos lastimados. Los guardavidas saben lo difícil que es ayudar a una persona que se está ahogando, porque en la desesperación suele golpear a quien viene en su ayuda. Muchas personas que están sufriendo reaccionan de manera hostil cuando uno se acerca a ayudar porque están habituadas a recibir maltrato de los demás.

Hay que estar bien preparados. Si quiero ayudar al que está en el pozo y le tiendo la mano, mi postura tendrá que ser firme y sólida. De lo contrario también voy a terminar dentro del pozo. Esta no es una manera inteligente de ayudar. Muchas veces la sensación de «recibir palos» cuando ayudamos a otro se debe a que no tenemos la fortaleza necesaria.

Para llevar a la práctica el amor y la compasión incondicional es necesario superar la mente de carencia. No se puede dar incondicionalmente si sentimos que necesitamos recibir. Siempre estaremos esperando una retribución. Muchas veces la sensación de haber recibido «palos» tiene su origen ahí. Tendemos la mano esperando recibir algo -gratitud, reconocimiento, lo que sea- y, cuando no lo recibimos, nos sentimos defraudados o maltratados. No podemos controlar a los demás; no podemos hacer que actúen como a nosotros nos gustaría.

Si tenemos un ego muy grande, si nos controla la importancia personal, vamos a sentir como una ofensa casi todo lo que haga el otro. Por eso es tan valioso desarrollar un lu fuerte, para que la energía del otro no desestabilice nuestro centro. Vamos a tratar de profundizar este tema en próximos encuentros.

Gracias por escuchar