Dulce reconocimiento

muy-bien

por Daniel Fresno

Cuando recién empezaba a practicar bagua zhang y tenía dudas sobre alguna técnica o movimiento, le preguntaba a mi maestro: «¿Está bien así como hago?» y él respondía según cada caso, pero nunca pronunciaba la frase que yo deseaba escuchar: «Sí, así está bien». Muchas veces dijo «ahora está mejor», pero nunca le oí decir que lo estaba haciendo «bien».

—Maestro, usted nunca me dice que hago algo bien —le dije una vez.

—Es que si le digo que está haciéndolo bien, lo estaría engañando —respondió—. No existe un «bien» absoluto. Lo que sí puede pasar es que el alumno haga las cosas hoy mejor que ayer, pero nunca llegará a hacerlas «bien». El camino de la buena práctica no tiene techo, no tiene límite. Si usted cree que llegó a la cima se estará engañando y ahí se detendrá su progreso. El que cree que ya llegó, no asciende más; el que cree que aún le falta, siempre podrá alcanzar niveles más altos.

Estas palabras me hicieron tomar conciencia de mi necesidad de reconocimiento y de cómo esta necesidad estaba trabando mi crecimiento. Hizo que me preguntara si lo que estaba haciendo lo hacía porque lo deseaba de corazón y lo iba a seguir haciendo bajo cualquier circunstancia o si lo hacía porque me gusta que mi maestro me felicite cada tanto.

Es tan dulce el reconocimiento y es tan amargo desearlo y no recibirlo. Conozco gente que hace cosas únicamente para recibir algún tipo de reconocimiento. No lo hacen por amor, por pasión o porque les gusta, sino para recibir aplausos de otros. Dentro de este grupo están los que abandonan luego de recibir el reconocimiento y los que abandonan porque no lo reciben. Eso es lo malo de la adicción al reconocimiento, tarde o temprano se abandona.

Gracias por leer
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