Energía propia

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Miércoles por la mañana. Estoy entrenando en la plaza. A unos 20 metros, en la vereda, un señor se detiene a mirar. Tiene aproximadamente mi edad y su barba y cabello lo hacen muy parecido a Horacio Guarany. Su cuerpo, castigado por el sedentarismo y la mala alimentación, muestra un sobrepeso de 40 kilos o más.

De pronto, lo escucho decir: «¿me regala un poco de su energía?». Dejo de entrenar para mirarlo y pongo cara de no entender. Repite lo mismo: «que si me regala un poco de su energía». Ahí entendí: el tipo se sentiría sin energía y -con cierto sentido del humor- pedía que yo le de algo de la mía.

Me hubiera gustado responder con alguna frase certera y llena de sabiduría, pero no se me ocurrió nada. Sonreí, junté las palmas, lo saludé con una reverencia y seguí con lo mío.

Pero después me puse a pensar en lo ocurrido. ¿Puede regalarse la energía, como pedía el señor parecido a Horacio Guarany? Sí. Por ejemplo, cuando una persona tiene hipotermia, se le da calor para ayudarla. Pero si a esta persona le funciona mal el mecanismo de termorregulación, no será capaz de generar y conservar el calor por sí misma y siempre dependerá del calor que le aporten desde afuera.

Esto me recuerda aquel refrán «mejor que regalarle pescado al hambriento es enseñarle a pescar». Podemos recibir energía de otros, pero será limitada y nos hará dependientes. La energía que generamos nosotros mismos, en cambio, es duradera y nos permite mayor autonomía.

Pero ¿cómo funciona el tema de la energía? Las comparaciones automovilísticas son muy útiles para comprender este asunto. Por ejemplo, el automóvil usa nafta y oxígeno para funcionar. La nafta y el oxígeno no son energía; son fuentes de energía. El motor del auto está diseñado para generar energía a partir de ellas. En los humanos pasa algo parecido. Los alimentos que comemos y el oxígeno que respiramos no son energía, pero son utilizados por nuestro “motor” interno para generarla.

El sedentarismo, la mala comida y la mala bebida arruinan el “motor”, que se vuelve incapaz de generar suficiente energía. La persona lógicamente se sentirá cansada y sin vitalidad, como el señor parecido a Horacio Guarany.

Con el entrenamiento físico adecuado, una alimentación equilibrada y buena respiración podemos mantener nuestro «motor» en buen estado para que siga generando energía abundante y de calidad.

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Autor: Daniel Fresno