Mente flexible, rodillas sanas

Durante la clase del domingo hicimos un ejercicio de tao yin 3. que trabaja la movilidad de las rodillas. Al terminar el ejercicio dije:

-Este ejercicio nos hace flexionar la rodillas y además nos pone de rodillas. ¿Conocen alguna expresión de la cultura popular que involucre esta articulación?

-“Ponerse de rodillas” -dijo Patricia-. También asocio las rodillas con la humildad.

-Para mí “rodillas” está asociado con “rodar” -dijo Silvina.

-Muy interesantes observaciones. La palabra “rodilla” es un diminutivo de “rota”, que significa “rueda” en latín. Los humanos nos sentimos en la cima de la pirámide de la evolución. Somos los que caminamos en dos patas y el Antiguo Testamento nos dice que estamos aquí para dominar a la Naturaleza y a los demás seres. Nos creemos superiores. Y en la cumbre de nuestro cuerpo tenemos la cabeza, donde reside el cerebro y el intelecto, esa función maravillosa que nos diferencia del resto de los animales.

“Agachar la cabeza” es sinónimo de sumisión. En cambio, cuando queremos mostrar que somos superiores, extendemos el cuello, de manera que nuestros ojos suben un poco más, lo que nos permite mirar al otro “desde arriba”.

Por el contrario, en el saludo que hacemos al comenzar la clase, la cabeza abandona su posición de superioridad y se inclina hacia delante y abajo. Es una manera de expresar con el cuerpo humildad, respeto y también gratitud. Al hacer esto abandonamos la soberbia de la postura erguida. Esta es la manera más básica de saludar, pero hay otras más profundas, como cuando nos ponemos de rodillas y tocamos el suelo con la frente, adoptando así una posición fetal, como en el ejercicio que hicimos recién.

Tanto en Oriente como en Occidente existen este tipo de gestos en los que las rodillas se flexionan para expresar el abandono de la soberbia y el orgullo para adoptar una posición más humilde.

Se dice que una persona es arrogante cuando se arroga honores que no le han dado o cuando exagera sus virtudes. Se dice que una persona es soberbia cuando se siente superior o por encima de otros. Cuando la arrogancia y la soberbia están bien alimentadas a la persona le cuesta flexionar las rodillas y cuando la vida le exige humildad suele experimentar dolores en esa articulación.

Supongamos que yo trabajo desde hace muchos años en una empresa. Durante todo ese tiempo hice mi trabajo de la mejor manera y obtuve cierto reconocimiento de mi jefe y de mis pares, incluso pusieron personas bajo mi autoridad. Todo marcha bien porque el jefe valora mi trabajo y mis subordinados me respetan. Supongamos que de pronto mi jefe se jubila y la empresa lo reemplaza por un recién graduado de la universidad con poca experiencia. Ese será mi nuevo jefe, a quien deberé obedecer y de quién dependerá mi sustento. Es importante que yo sea capaz de adaptarme a los cambios y aceptar esta nueva relación. Si por el contrario, tengo en mi mente mucha soberbia y arrogancia y pienso: “¿Por qué debería yo subordinarme a la autoridad de este recién llegado?”, me va a costar mucho generar un buen vínculo con el nuevo jefe y es probable que empiecen a dolerme las rodillas.

La inflexibilidad se ve bonita en la retórica política. Queda muy bien decir: “Es mejor morir de pie que vivir de rodillas”. Mucha gente es educada con mandatos del tipo “nunca de pongas de rodillas” o “que se rompa pero que no se doble”. Las personas que tienen muy arraigadas en la mente estas ideas carecen de flexibilidad para adaptarse a los cambios y “se rompen” con frecuencia. Las rodillas suelen ser su punto débil.

No se trata de ser “chupamedias” o servil. En el mundo real todos tienen una autoridad que respetar, todos trabajan para alguien, todos tienen un límite que no conviene cruzar, desde el campesino más humilde hasta Bill Gates. Por más poder que tengamos, por más talentosos que seamos, todos nos encontramos con situaciones en las que no funciona el “¿Usted sabe quién soy yo?”. Darse cuenta de esto exige flexibilidad y ser capaces de “rodar”, como dice Silvina, para poder sobrevivir. El problema es que la soberbia suele ser incapaz de verse a sí misma y nos dice: “¿Yo soberbio? Qué ridículo, soy el más humilde de todos. Nadie tiene una humildad más grande que la mía”.

En tui shou, cuando el otro es más fuerte y busca desestabilizar nuestro centro ¿qué hacemos? ¿Nos ponemos rígidos en la ilusión de que así vamos vencerlo? No, para estos casos el taichi chuan nos enseña a rotar, a comportarnos como una pequeña rueda, una rodilla. Así la fuerza del otro caerá en el vacío y al mismo tiempo habremos preservado nuestro centro, el eje de la rueda.

El taichi chuan y el tao yin 3 nos enseñan que ser fuertes no es ser rígidos y que ser flexibles no es ser blandos. Aprender a ser flexibles en cuerpo y mente nos ayudará a preservar nuestras rodillas.

Gracias por escuchar.
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Autor: Daniel Fresno