Todo vuelve

Eduardo viene a las clases de bagua zhang. Trabaja cuidando la seguridad de los habitantes de un edificio, pero su empleador no es el consorcio, sino una empresa de seguridad que vende sus servicios a muchos edificios en toda la ciudad. Eduardo hace guardia en la planta baja, junto a la puerta de calle y asiste a los habitantes del edificio siempre que puede. Uno de ellos es un judío ortodoxo que en más de una oportunidad le pidió asistencia.

-Este señor a veces me llama durante el shabat para que lo ayude a apagar la hornalla de la cocina o accionar algún aparato eléctrico -cuenta Eduardo-. Su religión le impide realizar estas actividades y, si no estoy atendiendo ningún asunto urgente, yo subo a ayudarlo.

El sueldo de Eduardo no es muy grande, pero la cuota que el edificio paga a la empresa de seguridad, sí lo es. En estos días hubo una reunión de consorcio para discutir si se seguía pagando este servicio  o no. A la hora de votar, hubo cuatro vecinos a favor de mantener el servicio y cuatro en contra. El noveno asistente a la reunión era el judío ortodoxo, que desempató votando a favor. Esto significa que por ahora Eduardo conserva su empleo.

-Lo más llamativo -cuenta Eduardo-, es que este señor no suele asistir a las reuniones de consorcio. Pero esta vez, por suerte, sí fue.

-Es muy interesante esto que te ocurrió -le dije-. Está muy relacionado con la caminata circular de bagua zhang, que es como nuestro andar en la vida. Empezamos el recorrido en un punto y luego de unos pasos, volvemos a pisar el mismo punto y así varias veces durante todo el tiempo que dura la caminata. Aunque mucha gente ve la vida como una línea recta, con un inicio y un final, la vida se parece más a una caminata circular.

-En nuestro andar nos cruzamos con personas y muchas veces interactuamos con ellas como si la vida fuera una línea recta. No somos concientes de que tarde o temprano volveremos a encontrarnos con aquellos con quienes estuvimos antes.

-Un día vos te cruzaste con ese vecino que te pidió ayuda. Podrías haber reaccionado de maneras muy diversas. Podrías haberte negado amablemente, podrías haberte negado indignado, podrías haberte hecho el distraído. Pero en cambio, elegiste responder a su pedido de ayuda. Tiempo después, volviste a encontrarte con ese señor y ahí fue él quién acudió en tu ayuda, votando en la reunión de consorcio. Cuando él te pidió que lo ayudes a apagar una hornalla, vos accediste sin pensar en una retribución. Lo hiciste de buen corazón, para ayudar a un semejante que pedía ayuda. Esa es la manera correcta de actuar con la gente que la vida nos pone en el camino. Si está en nuestras manos ayudar, lo hacemos, y sin esperar nada a cambio. Tarde o temprano, eso que dimos volverá a nosotros de alguna manera.
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Autor: Daniel Fresno