Comparaciones

por Daniel Fresno

Al empezar la clase, recitamos el mantra con la intención de que la práctica sea de beneficio para nuestro cuerpo y mente y que eso nos convierta en una condición favorable para el progreso de las personas que nos rodean. Practicamos porque buscamos progresar y también ayudar a que otros progresen.

No lo hacemos para estar peor; queremos estar ahora un poco mejor que antes. Y en este sentido es valioso que nos comparemos con nosotros mismos. Al comparar cómo estábamos antes con cómo estamos ahora obtenemos información muy valiosa. Podemos darnos cuenta de si estamos igual, peor o mejor que antes y eso nos servirá para corregir los errores y acentuar los aciertos en nuestro entrenamiento. A los alumnos que descubren progresos en su práctica los invito a compartirlos con el resto de la comunidad, no para presumir, sino para inspirar a otros que están en la misma búsqueda.

Compararnos con nosotros mismos es positivo. Los problemas empiezan cuando nos comparamos con los demás. Al compararnos con otros estamos abriendo las puertas del infierno. Esa comparación nos puede llevar a dos conclusiones erradas: que somos peores que los demás o que somos mejores que los demás. Si se ponen a pensar verán que hacerlo es absurdo pues no hay punto de comparación entre la situación de uno y la de los demás. Sin embargo, en este ambiente suele haber mucha soberbia derivada de esas comparaciones.

Soberbia alimentaria

Dejé de comer carne hace 35 años. Lo hice por motivos morales, de salud y ecológicos y aliento a hacer lo mismo a quienes me consultan. Creo que el consumo de carne provoca sufrimiento animal, deteriora la salud humana y pone en riesgo la supervivencia de la especie en el planeta. Pero no me creo mejor o superior que los carnívoros. Me gustaría que la sociedad consumiera menos carne, pero la irritante superioridad moral que exhiben algunos veganos no hace más que fortalecer las creencias de los comedores de animales. Es urgente que la humanidad reduzca el consumo de carne, pero eso no se logrará con arrogancia y crítica culpógena.

Soberbia sanitaria

El taichi chuan, el chi kung, la meditación y todas las demás prácticas que realizamos apuntan a fortalecer la salud y a cultivar un cuerpo y una mente fuertes y flexibles. Así construimos un sistema inmunológico sólido que nos mantendrá sanos. Pero eso no nos hace mejores o superiores a las personas que tienen baja inmunidad por llevar un estilo de vida tóxico.

Cuando la pandemia obligó a imponer medidas de aislamiento preventivas algunas personas las rechazaron desde una posición de supuesta superioridad. «La clave está en el sistema inmunológico», decían. «No sirve de nada usar cubrebocas o restringir la circulación de las personas porque lo único que te va a proteger del virus es tu sistema inmune. Si lo tenés fuerte, no te va a pasar nada». Este es el razonamiento de quien se siente fuerte e invulnerable y desprecia a los que supone «débiles».

Entendemos la salud como una responsabilidad personal de todos los días. Tratamos de llevar un estilo de vida sano para no tener que depender del médico. Pero eso no nos hace mejores o superiores a las personas que delegan en el médico el cuidado de su salud. Creemos que la preventiva es la mejor medicina, pero somos concientes de que la medicina moderna es necesaria. Millones de personas llevan un estilo de vida tan tóxico y su organismo está tan deteriorado que solo la medicina moderna puede mantenerlos con vida.

Creemos como Hipócrates que nuestro alimento es nuestra medicina y nos organizamos para no tener que ir muy seguido a la farmacia. Pero no nos creemos mejores o superiores que las personas que viven tomando remedios. Somos concientes de que la industria farmacéutica hace negocios y compra voluntades, pero sabemos que también es necesaria. Cuando una persona es atropellada en la calle y su corazón se detiene, lo que la va a salvar es una inyección de epinefrina, no un trago de kéfir.

Soberbia física

Practicamos artes marciales para aprender a lidiar con nuestra propia agresividad y con la ajena. Eso nos permite evitar la violencia y saber cómo enfrentarla cuando ya se desató. Saber artes marciales nos hace más aptos, pero no nos creemos mejores o superiores a los demás. Aprendemos artes marciales para proteger nuestra vida y la de los demás; no para someter.

Aprender artes marciales nos ayuda a organizar nuestra seguridad de manera que no tengamos que acudir a la policía. Pero eso no nos hace mejores o superiores a las personas que delegan toda su seguridad en las fuerzas del orden. Tratamos de no recurrir a la policía, pero sabemos que la policía es necesaria.

Soberbia espiritual

Algunas personas que se creen espiritualmente superiores desprecian a los que sienten miedo por la pandemia. Creen haber superado su miedo a la muerte y juzgan a los demás con argumentos tipo: «¿Por qué tanto temor a la muerte si todos vamos a morir algún día?».

Mi maestro siempre usa la metáfora del barco que flota en el mar. Uno es el barco, el resto de los seres vivos son el mar. A pesar de que soy barco, mi destino está intimamente ligado al destino del mar. Si el nivel del agua baja mucho, voy a encallar. Si el nivel del mar sube, yo voy a subir también. No me conviene que el nivel del agua baje; me conviene que suba porque junto con el mar también subiré yo. La creencia de que yo soy mejor y que puedo salvarme cuando todos los que me rodean se están hundiendo es falsa.

Practicamos para progresar. para perfeccionarnos. Para conocernos más y para superar límites internos. Para conectarnos con nuestra fuente interior de amor y sabiduría. Para mantenernos sanos, fuertes y flexibles de cuerpo y mente. No queremos ser más sanos, fuertes y flexibles para oprimir o sacar ventaja del prójimo. Queremos inspirar a otros para que también sean sanos, fuertes y flexibles. Sabemos que eso no lo vamos a lograr juzgando y pontificando desde una supuesta superioridad espiritual. Sabemos que la manera más eficaz de inspirar a otros no es a través de la palabra, sino del ejemplo.

Cuando nos sentimos superiores y juzgamos a otros, no estamos escuchando la fuente interior de amor y sabiduría; estamos escuchando al ego.

Gracias por escuchar…