Deseo y consumo responsable

por Daniel Fresno

Al terminar la clase, una alumna dijo:
—Hace poco cuando hablaste sobre la disciplina ética, mencionaste el consumo responsable. El tema me quedó dando vueltas en la cabeza y hace poco pude ponerlo en práctica. En un negocio vi un vestido muy lindo y sentí el deseo de comprarlo. El precio era muy alto y en estos casos lo habitual era que se desatara dentro de mi una puja entre el deseo y el dinero disponible, mi capacidad de compra. Pero esta vez ocurrió algo nuevo. Cuando apareció el deseo de tener el vestido, me pregunté: «¿realmente lo necesito?». Y la respuesta fue «no», sin ninguna duda. Así que seguí de largo, pero sin malestar, ni frustración.

—Qué buena experiencia —dije—. El deseo está en todos nosotros y el sistema en el que vivimos exprime ese deseo hasta la última gota. Así la economía sigue funcionando. Pero antes de seguir es importante distinguir el deseo legítimo del deseo insano. El deseo legítimo tiene que ver con la satisfacción de necesidades básicas de la vida. Desear beber agua en un día caluroso es un deseo legítimo. Lo mismo que desear tener zapatillas para caminar cuando estamos descalzos, o comer después de varias horas de ayuno. Pero el deseo basado en necesidades básicas como beber, comer o adquirir zapatillas, puede convertirse en deseo insano. Esto ocurre por ejemplo, cuando comemos de más. La obesidad y la diabetes tipo 2 que afecta a millones de personas en todo el mundo es resultado de ese deseo insano. El consumo compulsivo impulsado por un deseo insano, no solo daña al consumidor; también amenaza con destruir el ecosistema que hace posible nuestra vida en el planeta.

Hace poco un alumno que vive en la Patagonia contó lo que vio durante un paseo por la montaña. Recorría un bosque lleno de árboles sanos y robustos. Al llegar a un riacho vio cerca de la orilla un árbol de aspecto frágil y a punto de caer. Al acercarse pudo ver que sus raíces estaban pudriéndose porque recibían demasiada agua. Todos sabemos que el agua es indispensable para que el árbol viva, pero demasiada agua puede matarlo. Lo mismo nos pasa a los humanos con el consumo compulsivo. Los expertos en el cambio climático calculan que si toda la humanidad consumiera igual que lo hacen los norteamericanos, harían falta cinco planetas Tierra para abastecer la demanda.

Antes, la única manera de comprar algo era entregando algo a cambio, un objeto o dinero. Si deseabas tener ese vestido, tenías que tener el dinero en el bolsillo. Pero hace 100 años apareció la tarjeta de crédito, que te permite satisfacer el deseo de comprar aunque no tengas dinero. Podés comprar, pero contraés una deuda con el banco. Todos los avances del sistema en este sentido apuntan a facilitar la satisfacción inmediata del deseo de consumir.

Habrán observado que lo único que no se cuestiona en este modelo es la legitimidad del deseo. Si el deseo de consumir surge, no se lo cuestiona. ¿Y qué ocurre cuando nos impulsa un deseo insano? Puede ser que tengamos dinero, entonces compramos algo que no necesitamos. Puede ser que el dinero no alcance, entonces compramos a crédito y nos endeudamos. Por último, puede ser que, como no hay dinero, no compramos, pero nos quedamos con las ganas y envidiamos a los que sí pudieron comprar. En cualquiera de los tres casos, estamos en problemas.

Por eso tu actitud fue la más conveniente. Te preguntaste si necesitabas el vestido y descubriste que realmente no lo necesitabas y así quedaste en paz con vos misma. Con esto no estoy diciendo que consumir «es malo» y que la austeridad «es buena». Para vivir necesitamos muchas cosas que no somos capaces de producir. Esas cosas tenemos que conseguirlas en el mercado. Y si lo que compramos cubre una necesidad real, es bueno alegrarse por la compra.

Cuando hablamos sobre consumo responsable proponemos una mirada diferente sobre el deseo. En lugar de obedecerlo ciegamente, observarlo atentamente y antes de comprar algo, preguntarnos: «¿Realmente lo necesito?«. Es importante ser plenamente concientes de esto, porque muchas veces buscamos llenar con objetos de consumo un vacío existencial que es imposible de llenar con cosas. Cuando pasa esto, el consumo termina consumiéndonos a nosotros.

Gracias por escuchar.


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