Lo que está en mis manos y lo que no

por Daniel Fresno

Al terminar la clase de chi kung un alumno preguntó:

—Cuando hacemos zhan zhuang nos decís que soltemos el control de la respiración, que dejemos que el cuerpo respire naturalmente. ¿Por qué?

—Porque durante el resto de la clase estuvimos controlando concientemente la respiración. Estuvimos moviéndonos y sincronizando la actividad física con la respiración. Durante cierta parte del movimiento inspiramos, durante cierta parte espiramos, durante otra parte hicimos retenciones. Todo el tiempo haciendo cosas de manera conciente. Y eso está muy bien y reporta grandes beneficios. Pero en la vida es importante encontrar el equilibrio entre los opuestos. Es bueno hacer cosas y disfrutar del trabajo realizado, pero también es bueno parar y tomar conciencia de todas las maravillas que están ocurriendo ahora mismo, que hacen posible mi vida y que no las hago yo. Se trata de tomar conciencia de lo que está en mis manos hacer y de lo que no.

—¿Esto significa que al meditar no hay que controlar la respiración? —preguntó el alumno.

—No significa eso. Al igual que «chi kung«, la palabra «meditación» abarca una amplia variedad de prácticas diferentes. Vas a encontrar personas que dicen que hay una única manera de meditar, pero lo cierto es que hay muchas. Hay una meditación en la que soltamos el control de la respiración y hay otras en las que controlamos voluntariamente la respiración. Todo depende de la intención de la práctica.

Volviendo a lo de antes, cuando practicamos zhan zhuang buscamos hacer realidad el zhan, es decir buscamos detener, parar, aquietar, tanto la mente como el cuerpo. Dejamos de hacer cosas, pero esto no significa abandonarse o dormirse. Mantenemos la columna vertebral amablemente erguida y enfocamos la atención en la respiración y en las sensaciones corporales y hacemos silencio para poder «escuchar» en un sentido amplio, para volvernos receptivos. Cuando logramos esa quietud física y mental podemos conectarnos con la energia vital que late dentro de nosotros. Tomamos conciencia del universo interior.

Ahí nos damos cuenta de que el trabajo más importante, el que hace posible la vida, no depende de nosotros. Es un complejo y fabuloso mecanismo que está ocurriendo en este preciso instante, sin que yo intervenga. ¿Por qué es valioso tomar conciencia de esta energía vital? Para valorarla y agradecerla. No siempre estuvo ahí; no va a estar ahí para siempre. Es bueno abrirnos a ella para recibir sus beneficios y agradecerlos.

Tomar conciencia del principio vital que late en nosotros nos permite también cuidarlo. Cotidianemente hacemos tonterías que arruinan el funcionamiento del mecanismo de la vida y lo hacemos porque no somos concientes de su existencia y de cómo funciona.

Es muy importante saber hacer y saber dejar hacer. Imaginemos que quiero preparar pan. Mezclo harina, levadura y agua y me pongo a amasar. Pero llega un momento en el que debo parar y permitir que los microorganismos de la levadura hagan su trabajo. Lo que estaba en mis manos lo hice de la mejor manera posible. Ahora me detengo porque no está en mis manos hacer el trabajo de la levadura. Espero pacientemente y agradezco la alquimia que está ocurriendo en la masa y que yo soy incapaz de hacer. Cuando la levadura termina su tarea vuelvo a amasar otra vez, poniendo lo mejor de mi, hasta que llega el momento de meter la masa en el horno. Nuevamente me detengo y dejo que el fuego haga su trabajo de transformación del alimento.

Yo puedo trabajar para conseguir dinero para comprar la harina, pero no puedo hacer que el trigo crezca y madure. Yo no puedo hacer el trabajo que hacen el sol, la tierra, el agua y los millones de insectos y microorganismos que permiten que el trigo crezca. Yo no sé cosechar ni moler el trigo para transformarlo en harina. Por más dinero que yo tenga, si la tierra no genera trigo, si nadie trabaja la tierra, jamás tendré harina ni pan.

Cuando paramos y observamos atentamente el asombroso proceso de la vida nos damos cuenta de que el trabajo más difícil no lo estamos haciendo nosotros. Es muy valioso recordar esto cuando sentimos que el Universo está en contra de nosotros y nos ahogamos en un vaso de agua. Lo que está en nuestras manos hacer, lo hacemos con alegría y de la mejor manera posible. Lo que no está en nuestras manos. lo aceptamos con gratitud.

Gracias por escuchar.

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