Zapatillas “nuevas”

En mi barrio hay una mujer que de casa en casa tocando timbre y pidiendo “alguna ropa que ya no use”. Varias veces le di algo, pero dejé de hacerlo al advertir un aspecto de su comportamiento. Esta mujer recolecta la ropa donada y luego se detiene en un sitio a revisar y separar aquello que le pueda servir. Lo que no le interesa lo deja tirado en el espacio público. Eso no me gustaba nada y la juzgaba duramente.

Las zapatillas que uso para entrenar ya están muy gastadas y en estos días le aparecieron unos agujeros a los costados. Pensé que ya era hora de comprar unas nuevas, pero los precios que vi en los negocios me convencieron de seguir usándolas hasta que no aguanten más.

Hace poco fui al parque a entrenar y justo en el sitio de práctica había un montón de prendas abandonadas por la mujer de esta historia. Sentí fastidio. Fui recogiendo las cosas, pero no las metí en el tacho de basura. Las puse en un rincón para liberar el sitio práctica, pero para que otros pudieran recogerlas en caso de que les sirviera. Debajo de toda la ropa encontré un par de zapatillas. Estaban usadas, pero enteras y ¡eran de mi talle!

Las lavé y ahora las uso todos los días porque son muy cómodas y me ayudan a postergar un gasto importante. Gracias a esa mujer que deja la ropa tirada en la calle -eso que tanto me molestaba- conseguí unas buenas zapatillas. Gracias a la señora y gracias al tipo que descarta zapatillas sin haberlas gastado mucho.

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Autor: Daniel Fresno