¿De dónde sacás las proteínas?

—¿Cuándo te hiciste vegetariano, Daniel? —preguntó Silvano.

—Cuando fui padre —dije—. Mi esposa había dejado de comer carne por un problema de salud y una noche, sosteniendo a mi hija recién nacida en brazos, tuve una epifanía. De pronto me sentí conectado con todos los seres vivos del planeta. Sentí el sufrimiento de todos los animales en el matadero, el sufrimiento de todos los que son muertos para alimentarnos o para obtener su piel, grasa o plumas. Sentí en las tripas todo ese dolor acumulado durante siglos y me dije a mí mismo que no quería seguir siendo parte de esa maquinaria de sufrimiento.

Es decir que en un principio me hice vegetariano por cuestiones éticas. El cambio fue gradual, pero no me costó demasiado porque inmediatamente empecé a sentir cambios positivos: más flexibilidad y vitalidad. Más tarde descubrí las ventajas del vegetarianismo para la salud en general. Hay un documental muy interesante que brinda información científica sobre el tema, se llama “Cambio radical”.

—¿Te costó acostumbrarte a la nueva dieta?

—No me costó mucho, porque mi esposa dejó de comprar carne y uno come lo que hay en la casa. Cambiar hábitos alimentarios demanda tiempo, paciencia, voluntad e información. Los olores y sabores conocidos tienen una fuerza emotiva enorme y funcionan como un refugio. Los hábitos alimentarios, aunque nos hagan daño, nos dan seguridad. Y hace falta coraje para salir de esa zona de seguridad. Yo sé que comer carne me hace mal a mí, a los animales y al clima, pero el olor del asado me remite a momentos gratos de la infancia. Por eso, si uno quiere cambiar su alimentación, necesita voluntad y también información para neutralizar la carga emocional del hábito que se trata de superar.

La información es valiosa por dos motivos. El primero es que nos ayuda a comprender por qué queremos cambiar la dieta. El segundo es que nos enseña a evitar desequilibrios. Algunas personas, por falta de información, dejan de comer carne y solo comen ensalada y galletitas, y lógicamente al poco tiempo se enferman. Es necesario informarse correctamente para tener una alimentación vegetariana – vegana equilibrada.

Pero quiero aclarar que mi vegetarianismo no es un dogma. No como carne ni lácteos porque quiero, pero también porque puedo. Es decir, vivo en un territorio y un tiempo en los que es posible conseguir alimentos no animales en abundancia. Cerca de mi casa hay sitios donde puedo conseguir frutas, verduras, granos y semillas sin dificultad. Si viviera en un lugar y una época en los que no se consiguen estos alimentos, comeria animales. Porque necesito alimentarme para vivir y si no hubiera otra fuente de energía, no tendría más alternativa que comer carne.

—A mí me da asco la gente que come carne —dijo Durango.

—Atención con esto. Detrás de ese “asco” suele esconderse la soberbia, la creencia de que uno, que no come carne, es moralmente superior a los que comen carne. No somos mejores personas por ser vegetarianos o veganos. Muchas personas, en su búsqueda espiritual, dejan de comer carne. Buscan aliviar el sufrimiento propio y el de todos los seres vivos y es lógico que dejen de comer carne. Pero ¿estoy ayudando a aliviar el sufrimiento en el mundo al creerme mejor o superior que otros?

¿Vos fuiste vegano toda tu vida? Yo no. Crecí en una familia que creía que comer carne era indispensable para conservar la salud. Los primeros 25 años de mi vida comí carne y lo hice porque así fui educado, No lo hice por maldad, sino por ignorancia. Ignoraba muchas cosas que hoy veo con claridad. Es así, la gente cambia. Si en aquella época alguien me hubiera dicho: “Los carnívoros como vos me dan asco”, eso no me habría ayudado a cambiar mis hábitos de alimentación; por el contrario, los habría reforzado.

Hay muy buenas razones para impulsar el vegetarianismo – veganismo. Razones éticas, ecológicas y de salud. Pero nada bueno se va a lograr escrachando y acusando a los carnívoros. Melody Schoenfeld escribió una nota muy buena sobre los errores que cometen algunos veganos cuando tratan de “convertir” a otros al veganismo.

Creo que lo mejor es transformarse uno mismo en ejemplo de las bondades del vegetarianismo – veganismo. Si mi cuerpo y mi mente están saludables, fuertes y flexibles comiendo vegetales, frutas y semillas ¿hace falta andar pontificando y señalando con el dedo a los demás? Si yo soy un buen ejemplo de los resultados del vegetarianismo – veganismo ¿Es necesario hablar mal de los que comen carne?

—¿Y de dónde obtenés proteínas? —preguntó Eugenio.

—El cuerpo necesita aminoácidos para fabricar las proteínas. Tomo los aminoácidos de los huevos, las nueces, castañas de cajú, semillas de girasol, sésamo, lino y chia. También hay aminoácidos en la espirulina que tomo en el desayuno. También hay aminoácidos en frutas y vegetales. ¿De dónde obtienen el toro y el gorila los aminoácidos para construir músculo ? Hay un dibujo muy bueno de Dan Piraro sobre esta cuestión.

—¿Y qué hacés con la vitamina B12? ¿Te la mediste?

-—No, nunca me hice dosaje de B12, ni cuando comía carne, ni en los 35 años que llevo sin comer carne. Si vos estás por hacerte vegetariano, te sugiero que te midas la vitamina B12 ahora que todavía comés carne y que luego de un año de dieta vegetariana te la vuelvas a medir. Hay mucha atención puesta en el nivel de B12 de los veganos, pero no se investiga el de los carnívoros, muchos de los cuales también tienen deficiencia de B12, pero lo ignoran.

Los niveles adecuados de B12 no dependen únicamente de la ingesta sino también de la capacidad del intestino para absorber la vitamina. Un intestino enfermo es incapaz de absorber la B12 y por más suplementos que tomes, así como entran, se van. La espirulina y el jugo de clorofila tienen abundante vitamina B12.

Gracias por escuchar.

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Autor: Daniel Fresno,
en base a conversaciones y consultas diversas