Aprender a montar la ola

por Daniel Fresno

Habrán notado que los ejercicios de dao yin que hacemos en la primera parte de la clase tienen una naturaleza circular. El movimiento nace, alcanza un momento de plenitud y luego se va agotando hasta terminar, para dar lugar a un nuevo ciclo. Al igual que estos ejercicios, todo en el universo es cíclico, no hay nada lineal. Aquello que nos parece lineal e inalterable es en realidad un ciclo muy largo.

Lo que cambia es la duración y la amplitud de los ciclos. Algunos duran segundos, por ejemplo la respiración. El ciclo de rotación de la Tierra sobre su eje dura 24 horas; el ciclo de la luna, 28 días; la vuelta de la Tierra alrededor del sol, 12 meses. El ciclo de la vida humana no tiene una duración fija, pero como cualquier otro, comienza, alcanza un punto de máximo desarrollo y luego empieza a menguar, hasta agotarse. Todas las etapas de un ciclo son necesarias e inevitables, no hay etapas «lindas y buenas» o «feas y malas».

Sin embargo, desde nuestra perspectiva, hay momentos del ciclo que nos resultan más agradables y otras que nos resultan desagradables. En el ciclo de la alimentación nos gusta mucho la comida que va a entrar por la boca, pero no nos gusta lo que sale por el otro extremo del aparato digestivo. Nos gusta la primera etapa de la vida, cuando la energia es abundante y el cuerpo es fuerte, pero no nos gusta la parte final, cuando la energía es escasa y el cuerpo está más débil. Esto tiene que ver con nuestros gustos personales, nuestras identidades, creencias, educación, es decir, todo eso que se conoce como ego.

El ego es algo que necesitamos para movernos en el mundo. Es como una máscara que nos ponemos a veces para representar un papel en el teatro de la vida. Pero es importante ser concientes de que es solo una máscara. Cuando estamos demasiado egocentrados, esa máscara deja de ser una herramienta útil y se convierte en una prisión. El egocentrismo nos hace temer y rechazar las partes del ciclo que «no nos gustan» y nos hace perseguir obsesivamente las partes del ciclo que «nos gustan». Todo esto genera miedo y sufrimiento y nos vuelve vulnerables al proceso de la vida, nos vuelve cada vez menos aptos.

En el proceso de la vida somos como surfistas en el mar. No podemos controlar al océano, no podemos evitar que las olas vengan y es importante que sepamos montarlas. Tal vez nos sintamos más cómodos en un mar calmo y con olas pequeñas, pero si no sabemos lidiar con las olas grandes, vamos a pasarla muy mal cuando lleguen y la vida va a ser un padecimiento constante. Aceptar y aprender de todas las etapas de un ciclo nos da libertad y hace que la vida sea una aventura disfrutable.

Desde la prisión del egocentrismo no nos damos cuenta de que somos criaturas en constante transformación y con una ilimitada capacidad de aprendizaje. Nos vemos a nosotros mismos como una obra terminada e inalterable, incapaz de cambiar y evolucionar. A veces nos justificamos diciendo: «Yo soy así». Al creernos incapaces de cambiar y de adaptarnos, luchamos por cambiar el mundo que nos rodea.

El otro día hacía frío y tenía puestos dos buzos mientras daba una clase particular via internet. El alumno estaba en su casa en remera. Le pregunté si tenía puesta la calefacción y me dijo que sí, que su edificio tiene un sistema de calefacción central que lo obligaba a andar vestido como en verano. Eso no es saludable. Los ciclos de las estaciones no son un error o capricho de la Naturaleza, son la base de la vida en el planeta. Fluir con esos ciclos fortalece la salud y la vitalidad; ir a contramano de ellos genera sufrimiento y enfermedad. Así como es saludable trabajar cuando hay luz diurna, también lo es descansar cuando llega la oscuridad de la noche. Es normal sentir calor en verano y es normal sentir frío en invierno. No estoy en contra de encender la calefacción, pero conviene usarla de manera conciente y cuando es realmente necesaria. Muchos de los días fríos pueden transitarse cómodamente usando ropa adecuada, reservando la calefacción para los días de frío extremo.

Los humanos tenemos un sofisticado sistema de termo-regulación. Un poderoso mecanismo que nos permite conservar el calor corporal a pesar de los cambios de temperatura externos. Es una forma de inteligencia corporal que, como los demás tipos de inteligencia, se pierde si no se ejercita regularmente. Cuando en invierno tenemos la calefacción muy alta, generando dentro de la vivienda una gran diferencia de temperatura con el exterior, estamos haciendo que nuestro sistema de regulación térmica se atrofie. Luego, cuando salimos a la calle y entramos en contacto con el aire frío, sufrimos problemas respiratorios, resfríos, gripes, y encima, nos llegará una terrible factura de gas/electricidad.

Las circunstancias que estamos viviendo son parte del ciclo de la humanidad en la Tierra. Son tiempos complejos y los que vendrán serán más complejos aún. ¿Qué vamos a hacer al respecto? Podemos cruzarnos de brazos y quejarnos como clientes insatisfechos: «Cuando vine al mundo nadie me dijo que iba a haber una pandemia. Estoy muy decepcionado con el servicio que brindan aquí. Exijo hablar con el gerente». O podemos aprovechar las circunstancias para entrenar la aceptación y la paciencia y así ganar sabiduría.

Gracias por escuchar.

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