Cárceles de afuera y de adentro

por Daniel Fresno

Todos los viernes hacemos una meditación para cultivar el amor y la compasión, esta vez la enfocamos en las personas que perdieron su libertad. Más tarde, en el parque, una alumna que participó de ese encuentro dijo:

—Cuando mencionaste a las personas que perdieron su libertad, inmediatamente pensé en los rugbiers que están presos acusados de haber asesinado a Fernando Báez Sosa. No pude experimentar amor y compasión hacia ellos.

—Entiendo —dije—. Es más fácil sentir amor y compasión hacia personas cercanas y seres queridos. Es mejor empezar por ahí y lentamente, como si fuéramos una antena de telefonía, ir aumentando el área de cobertura hasta alcanzar a todos los seres. Lo que muchos se preguntan es ¿sirve para algo desear el bien y la liberación del sufrimiento de alguien que está preso por haber cometido un crimen? Trataremos de responder esto.

Diferentes prisiones

Cuando mencioné a «las personas que perdieron su libertad» vos pensaste en aquellos que fueron encerrados por el poder judicial. Esta es una forma de prisión externa. Hay paredes, rejas y guardias que limitan la libertad del prisionero. Pero también hay prisiones interiores, de las que es más difícil escapar. Muchas de las personas que terminan en la cárcel ya vivían desde antes en un cautiverio interior. Ya habían perdido su libertad antes de cometer el crímen que los llevó ante la justicia.

Es importante aclarar que cuando alguien comete un crimen tiene que responder ante sociedad por lo que hizo. Es necesario que sea juzgado por jueces imparciales, que se respete su derecho a la defensa y que, si es condenado a prisión, que cumpla su condena. Si esto no ocurre, la sociedad está en peligro. Como ciudadanos debemos actuar para garantizar que los criminales sean juzgados por una justicia ecuánime.

¿Encerrados en la cárcel del odio?

A mi me gusta luchar. En las clases hacemos tui shou y disfruto mucho de la intensidad física de esta práctica. Me gusta empujar y que me empujen, siempre respetando las reglas del juego. Me gusta desequilibrar al otro y luchar por recuperar el equilibrio cuando el otro lo compromete. Pero al terminar la clase, toda la agresividad y la energía desplegada durante la práctica, las guardo en el tan tien. Fuera de la clase soy un ciudadano común. No voy por la calle empujando y tratando de derribar a los demás. Es decir, yo elijo concientemente dónde, cuándo y cómo desplegar mi fuerza física, energía, y agresividad. Yo manejo las riendas de mi caballo.

Imaginen a un hombre de 20 años al que le gusta el rugby. Está lleno de testosterona y disfruta de la intensidad física de ese deporte, le gusta pelear por la pelota y disfruta de golpear y ser golpeado. Cuando está en la cancha, su compromiso es absoluto y juega con la máxima capacidad de su cuerpo y mente. ¿Qué pasa cuando el partido termina? ¿Este hombre es capaz de guardar toda su agresividad hasta el próximo partido? Si es capaz de hacerlo, tendrá una vida normal, pero si no lo es, vivirá las 24 horas esclavo de su testosterona, su agresividad y su furia. Estará atrapado en una prisión interior.

Cuando uno vive así es muy fácil verse envuelto en situaciones de violencia física. El que es esclavo de su necesidad de mostrar que es macho alfa, el que es prisionero de su enojo, no es capaz de parar y preguntarse ¿qué estoy por hacer? ¿qué consecuencias tendrá para mi y para el otro esto que estoy por hacer? El prisionero del odio está ciego de furia y actúa su violencia, provocando sufrimiento a sí mismo y a los demás.

¿Qué semillas estoy haciendo crecer?

Cuando alguien es feliz y está satisfecho con su vida no asesina a otras personas. La vida de un asesino es un infierno de miedo, odio e ignorancia. Creo que lo mejor para una persona así, que fue encerrada por la justicia, es desearle una larga y saludable vida para que pueda reflexionar sobre sus acciones. ¿Por qué te cuesta desearle el bien a un criminal que está pagando su deuda en la cárcel? Te pido que seas honesta con vos misma ¿Qué emociones te envuelven cuando pensás en esa persona? ¿Sentís enojo? ¿Sentís deseo de hacerle lo mismo que él le hizo a su víctima? Probablemente sientas el deseo de hacer «justicia por mano propia».

Hay mil maneras de llamar a esas emociones, pero básicamente es ira. La misma ira que en su momento cegó a los asesinos de Báez Sosa. Basta unos pocos segundos de furia para matar a una persona. En esos segundo somos esclavos del odio y hacemos su voluntad..

Y en este sentido también hay que estar atentos al odio tercerizado. Muchas personas dicen «yo soy incapaz de matar una mosca, mucho menos a un ser humano», pero dan su consenso cuando otro lo hace. Los grandes genocidios se construyen así. Los que ejecutan la matanza son unos pocos, pero para hacerlo con éxito, primero llenaron de odio la mente y los corazones de millones de personas para que cuando el crimen sea consumado digan: «se lo tenía merecido».

El beneficio de esta meditación es sobre todo para vos, porque en lugar de nutrir la semilla del odio que hay dentro de todos nosotros, estás fortaleciendo las semillas del amor y la compasión, Ya hay bastante odio circulando y provocando crímenes como el que hoy nos conmueve. Al entrenar tu amor y compasión estás ayudando a reducir la cantidad de odio circulante en el mundo. Estás rompiendo las cadenas del enojo. Estás siendo un poco más libre.

Gracias por escuchar.


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