Ecuanimidad

Durante la clase de taichi chuan vimos cómo una camioneta del Gobierno de la Ciudad se detuvo en doble fila sobre la Av. Guzmán por varios minutos. Fue imposible ignorarla porque de la cabina salía música de cumbia a todo volúmen. Al terminar la clase, un alumno me dijo:

-¿Viste esa camioneta que se estacionó en doble fila? Me da mucha injusticia.

-¿Seguro que es «injusticia» lo que sentís? -pregunté-. ¿No será otra cosa; bronca, por ejemplo?

-Sí, me da bronca. Porque está prohibido detenerse en doble fila, especialmente en esta calle por la que pasan tantos colectivos y es tan fácil que se generen embotellamientos. Me da mucha bronca ¿Qué hacer cuando surge esa bronca?

-Lo más importante es no dejarse controlar por ella -dije-, y no actuar al calor de su influencia.

-Bueno, yo no actué siguiendo mi bronca. Podría haber interrumpido la práctica e ido a la comisaría a denunciar lo que estaba haciendo ese conductor, pero no lo hice. Seguí con la clase normalmente.

-Es cierto, pero las acciones no son únicamente lo que hacemos con el cuerpo. Lo que decimos y lo que pensamos también son parte de nuestras acciones. Vos no te fuiste de la clase a la comisaría, tampoco fuiste a increpar al conductor, pero en tu mente estuviste masticando la bronca, y la dejaste crecer dentro tuyo. Lo mejor es actuar con ecuanimidad. Esto no significa ser indiferente o neutral. La ecuanimidad es un estado de equilibrio que no se ve alterado por los pensamientos, las emociones o el dolor. La ecuanimidad nos ayuda a no caer en las trampas de la precepción. ¿Sabemos realmente qué motivó la detención de esa camioneta en doble fila? Podría ser que en su camino había una persona desmayada y el conductor paró para no pisarla y asistirla. Como peatones o conductores sufrimos muchas veces las demoras provocadas por un auto estacionado en doble fila, pero la ecuanimidad nos permite darnos cuenta de cuántas veces, siendo conductores, hicimos lo mismo, siempre convencidos de que nuestra situación era excepcional y que la falta no era demasiado grave. La ecuanimidad nos ayuda a detener la mente y preguntarnos si ese fuego de la bronca que nos está quemando fue generado por la camioneta o viene de antes, de la pesadilla que tuvimos anoche, de la discusión que tuvimos con nuestra pareja o de alguna noticia indignante que leimos en el diario.

-Creo que diste en la tecla -dijo el alumno-. Me afectó mucho la noticia sobre la red de prostitución que se descubrió en varios clubes deportivos y vengo juntando indignación. Te juro que no puedo entender. Imaginate mi ingenuidad que, cuando hablaba con mi esposa sobre el tema, dije: «No entiendo a qué mujer le puede interesar pagar por tener sexo con un chico de 14 años». Y ella me respondió: «¿No te das cuenta? Los clientes de esa red de prostitución son varones». Tiene razón y no lo podía imaginar.

-El abuso sexual y la prostitución son actos de dominación y poder. El abusador suele ser alguien que sufrió abusos en el pasado y pasa de víctima a victimario, alimentando un doloroso círculo. Espero que los responsables de esta red sean llevados a la Justicia, pero soy conciente de que la persecusión legal de estos delitos no va a impedir que sigan cometiéndose. Creo que la mejor manera de resolver el problema es a través de la educación y del ejemplo. Mientras actúa la Justicia ¿hay algo que podamos hacer al respecto aquí y ahora? Creo que sí. En principio, tomar conciencia de nuestro poder y de cómo lo ejercemos. Todos tenemos poderes. Cuesta aceptarlo y nos resulta más fácil ver el poder fuera de nosotros. Creemos que los que tienen poder son los demás: el presidente, las celebridades, el dueño de Microsoft o los ministros de la Corte. Y es cierto, son gente poderosa, pero cada uno de nosotros tiene poderes acordes con el lugar que ocupamos. Conozco un tipo que vive de hacer changas, pero mide dos metros y es muy fuerte y muy psicópata. Ese es su poder y lo usa para imponer sus intereses y criterios en la vida del consorcio donde habita. Hay tipos que también son grandes y fuertes, pero usan ese poder para ayudar a los demás, por ejemplo, algunos bomberos. ¿Cuál es mi poder en la situación presente? ¿Lo estoy ejerciendo con responsabilidad y compasión? Al usar nuestro poder para ayudar, nutrir o reparar, estamos dando un ejemplo positivo que muestra al mundo que hay otra manera de hacer las cosas; que no todo es abuso, codicia y dominación. Estamos haciendo nuestra parte en el lento trabajo colectivo de construir un mundo mejor.

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Autor: Daniel Fresno