Pequeño milagro

¿Cómo nos paramos? Cada persona se para de la manera que aprendió a pararse. A lo largo de la vida nos habituamos a una determinada postura y no siempre somos concientes de cómo la fuimos construyendo. Es más, no siempre somos concientes de cómo estamos parados, aún cuando nos miramos al espejo. ¿Por qué no nos damos cuenta? Porque, a fuerza de repetición, se convirtió en un hábito. Y los hábitos se vuelven invisibles a nuestros ojos.

El Sr. L. viene a las clases de taichi chuan y tiene un cierto hábito postural que no es saludable. Durante las clases, especialmente al hacer chan chuang, ese hábito aparece y yo le doy indicaciones para corregirlo y adoptar una mejor postura. El Sr. L. sigue mis indicaciones, pero al poco tiempo o a la clase siguiente, el hábito vuelve a imponerse. Durante mucho tiempo fue así, pero en la clase de hoy ocurrió algo diferente. Estábamos haciendo chan chuang y el Sr. L. había adoptado esa postura a la que su cuerpo está acostumbrado. Dirigí la mirada hacia él y al cabo de unos segundos, sin mediar palabra, hizo los ajustes necesarios para alinear correctamente su postura. ¿Qué había ocurrido? En ese instante se produjo uno de los pequeños milagros de nuestra práctica: el Sr. L. hizo que su mente se conectara con su cuerpo, actuando como una unidad.

Veamos más en detalle esta cuestión. La mente del Sr. L. sabía qué ajustes realizar para alinear correctamente su postura, porque se los expliqué en reiteradas oportunidades. Sin embargo, su mente no está todo el tiempo presente durante la práctica. Cuando la mente está ausente, la poderosa energía de los hábitos toma el control y el cuerpo hace lo que está acostumbrado a hacer. Sin embargo, hoy ocurrió algo diferente: el Sr. L. conectó su mente y tomó conciencia de lo que su cuerpo estaba haciendo, registró lo que estaba haciendo mal e hizo las correcciones necesarias para alinear su postura. En ese instante, el Sr. L. dejó de estar dividido -cuerpo por un lado, mente por el otro- y actuó como una unidad. “La unión hace la fuerza”, dice el proverbio y es cierto; cuando somos una unidad experimentamos una revitalizante sensación de fuerza y energía.

En mi casa, de mi lado de la cama, hay un velador que hace falso contacto. Cuando hay conexión, la luz se enciende y todo se ilumina; cuando la conexión se interrumpe, la luz se apaga y todo es oscuridad. Entre la mente y el cuerpo ocurre lo mismo. Cuando están desconectados, andamos en medio de la oscuridad. Cuando se conectan, vemos con claridad.
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Autor: Daniel Fresno

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