El músculo duerme, la ambición descansa

—A partir de hoy y mientras dure la emergencia por la pandemia del covid-19, vamos a saludarnos sin contacto físico —dije durante la clase de taichi chuan—, juntando las palmas a la altura del corazón e inclinando la cabeza hacia adelante con una sonrisa, de la misma manera que saludamos al árbol al comienzo de la clase y al compañero de práctica cuando hacemos tui shou.

Hoy vamos a recitar el mantra agradeciendo el don de la salud, que nos permite estar vivos. También vamos a enfocar nuestra mente y corazón en enviar energía positiva a todas las personas que perdieron la salud y están luchando por recuperarla y a los doctores, enfermeras, camilleros, técnicos y a todo el personal del sistema sanitario, para que no les falte fuerza en esta tarea tan importante que estàn haciendo.

La práctica de chan chuang es especialmente valiosa en estos dìas. Chan significa hacer un alto, parar, detener. Chuang significa poste. De manera que chan chuang puede traducirse como «quedarse quieto como un poste». Pero el acento no está puesto en la rigidez del poste, sino en la capacidad de aquietar el cuerpo y la mente. Chan se usa para definir la estación donde para el tren. Chan es bajar la velocidad y detenerse.

El concepto de chan es clave en la historia del budismo. Tanto que la corriente iniciada en China por el monje Bodhidharma fue bautizada como budismo chan. Esta escuela creció hasta ser la principal forma de budismo en China y se expandió por toda Asia. Al llegar a Japón el chan se convirtió en zen.

Al hacer chan chuang paramos. Hacemos lo que dice el tango: «el músculo duerme y la ambición descansa». Dejamos de correr, dejamos de perseguir lo que deseamos y dejamos de escapar de lo que tememos. Al hacer chan chuang dejamos de buscar resultados. Volcamos la atención hacia adentro. Hacia la postura, las sensaciones del cuerpo, los contenidos de la mente y especialmente, hacia la respiración, ese proceso natural fundamental que nos mantiene vivos; el primer acto que realizamos al llegar al mundo y el último que realizamos al irnos.

Esto es algo que no hacemos habitualmente y buena parte de nuestros problemas tienen su origen ahí, en esa desconexión con nuestro mundo interno.

La emergencia que hoy vivimos en todo el mundo por la pandemia de covid-19 nos empuja de manera brutal al chan. Todo se detiene o se desacelera, la economía, la educación, los eventos culturales y deportivos, el transporte, la vida en general. Las personas se ven obligadas a quedarse en casa y volver sobre sí mismas. Nos enfrentamos a la incomodidad de estar a solas con nosotros mismos. Esa incomodidad de la que habitualmente escapamos saliendo hacia el mundo exterior, hacia al trabajo, encendiendo el televisor, el celurar, navegando por internet, poniendo música, intoxicando el cuerpo con drogas legales o ilegales y la mente con desinformación. Pero la incomodidad no aparece únicamente al convivir con uno mismo, sino también con las personas más cercanas, los familiares. Por eso aumentaron tanto las solicitudes de divorcio durante la cuarentena.

El chan chuang nos conecta con nuestro universo interno y nos ayuda encontrar la paz interior. Cuando estamos en paz con nosotros, podemos estar en paz con los que nos rodean, ya sean familiares o compañeros de trabajo o vecinos. Estamos en paz con el mundo..

El covid-19 no mata deteniendo el corazón, rigidizando las arterias o provocando un derrame cerebral. El virus afecta la función respiratoria y las pocas personas infectadas que mueren lo hacen porque no pueden respirar por sí mismas. El chan chuang nos enseña a ser concientes y a valorar la respiración. A través de una correcta respiración podemos equilibrar la mente, potenciar nuestra energía vital y fortalecer la inmunidad.

Las imagenes satelitales muestran cómo en pocos días disminuyó la contaminación del aire en los grandes centros urbanos a partir de la crisis del covid-19. Lógicamente, al desacelerarse la economía y el transporte, las emisiones de CO2 también disminuyen y el aire se vuelve más limpio.

De la misma manera, quien hace chan chuang se siente con más energía después de la práctica. ¿Por qué? Es muy simple y a la vez muy potente: al aquietar la mente, al conectarnos con el proceso vital de la respiración, reestablecemos la conexión perdida con la Naturaleza y eso nos recarga de energía, como se recarga la batería del celular al enchufar el recargador.

No estamos diciendo que esta pandemia sea algo bueno. Es algo que está provocando enfermedad, muerte y sufrimiento en todo el mundo. Pero sí creemos que es necesario aprender de ella.

Tenemos dos ecosistemas, dos hogares, sin los cuales es imposible la vida. El más pequeño es nuestro cuerpo. El otro ecosistema es el planeta. Hasta ahora la Humanidad viene sosteniendo y padeciendo un modelo que funciona a expensas de ambos ecosistemas. Una de las lecciones de esta pandemia es que necesitamos otro tipo de relación con nosotros y con el mundo. Para que la vida siga siendo posible es indispensable generar un modelo económico diferente, una nueva manera de entender la existencia, que nos permita vivir en armonía con nuestro mundo interno y con el planeta.

Gracias por escuchar.

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Autor: Daniel Fresno