Matías y el egoísmo sabio

Fuego en El Bolsón: el mapa de la NASA en tiempo real | InfoAgro

por Daniel Fresno

—Durante nuestra práctica siempre decimos que es importante enfocar la atención en la respiración y en los detalles de cada movimiento —dije durante la clase—. Lo hacemos porque la atención es el puente que une la mente con el cuerpo. El cuerpo y la respiración existen únicamente en el presente, pero la mente es capaz de ir al pasado y al futuro y se desconecta de lo que está ocurriendo aquí y ahora. Esta desconexión suele generar toda clase de desastres. De ahí que sea tan valioso fortalecer ese puente entre mente y cuerpo.

Estamos formados por elementos diversos y experimentamos salud y bienestar cuando todos esos elementos funcionan como una unidad armónica. Cada parte es distinta y cumple una tarea diferente, pero el buen funcionamiento de una depende del buen funcionamiento de las demás.

Imaginen que todas las partes de nuestro cuerpo discutieran acerca de cómo distribuir sus recursos energéticos. Imaginen al cerebro diciendo:

—Creo que yo soy el órgano más importante. Soy el único que piensa acá y debería recibir más recursos que, por ejemplo, los dedos del pie, que no hacen nada importante,

—No estoy de acuerdo —dijo el pulmón—. ¿Cuánto tiempo podría vivir el señor cerebro sin oxígeno? Pocos minutos. Creo que es un órgano sobrevalorado. Acá el que hace funcionar las cosas soy yo, que consigo el oxígeno. Si no fuera por mí, todos los demás órganos estarían en problemas y por eso merezco recibir más recursos.

—¡Cuánta soberbia ! —exclamó el corazón—. Cualquiera sabe que el oxígeno no sirve para nada si no hay un sistema circulatorio que lo haga llegar a todos los rincones del cuerpo. Y esa tarea fundamental la hago yo, que me la paso trabajando todo el día sin parar. No como los huesos, que no hacen nada. Estoy harto de mantener vagos.

Los nudos de una red

Afortunadamente este tipo de debates no se dan en nuestro cuerpo. Cada órgano cumple su valiosa tarea e intenta mantiene un delicado equilibrio con los demás. Algo parecido ocurre en la familia. Está integrada por individuos diferentes, pero hay un estrecho vínculo entre todos. El bienestar de uno está ligado al bienestar de los demás. Lo mismo ocurre con los habitantes de un país y con la humanidad toda. Nos gusta vernos como individuos independientes y autosuficientes, pero lo cierto es que estamos conectados como los nudos de una red de pesca. Lo que le pasa a un nudo repercute en los demás nudos de la red.

Yo por ejemplo nací pesando casi 4 kilos y ahora peso 60 kilos. ¿Cómo construí este cuerpo que habito? Comiendo comida, todos los días, durante toda mi vida. Al principio esa comida me la conseguían los adultos que me cuidaban. Después estudié y aprendí a trabajar para conseguír mi propia comida. Si dejara de lado el aporte de los mayores que me alimentaron cuando era vulnerable, si dejara de lado el sistema educativo que me formó para que hoy pueda ganarme el pan, podría pensar que hoy no necesito a nadie para vivir. Pero lo cierto es que mi alimentación depende de los cientos de miles de personas que todos los días trabajan para obtener el alimento de la tierra. A eso hay que agregar todos los camioneros que transportan el alimento a las grandes ciudades como la que yo habito. Tampoco hay que olvidar a las personas que construyeron y mantienen las rutas y las que se ocupan de conseguir el combustible que hace funcionar los camiones. Otro factor indispensable en mi existencia son los miles de millones de insectos, abejas, gusanos y microorganismos que hacen posible el milagro de la agricultura, sin el cual mi cuerpo no tendría qué comer. Soy un individuo, pero mi existencia depende de la existencia de otros individuos.

Ser fuerte para ser útil

Les cuento todo esto para entender lo que hizo Matías, un miembro de la comunidad de Bosque de Fresnos que venía a los encuentros de Fusión. Como ustedes saben, el Entrenamiento Fusión apunta a desarrollar fuerza, flexibilidad, resistencia cardio-respiratoria e integración cuerpo-mente. Tiene sus raíces en tradiciones de cultura física de Oriente y de Occidente. Una de esas raices es el entrenamiento natural de Georges Hébert, que con el tiempo derivó en el parlour. Hébert tenía un lema que nos inspira: «Ser fuertes para ser útiles» y que solemos repetir durante los encuentros de Fusión.

Matías practicaba Fusión cuando estudiaba agronomia. Al graduarse como ingeniero agrónomo se casó y se instaló con su esposa en El Bolsón, donde ingresó a una cooperativa agraria. Cuando estallaron los incendios en Chubut le escribí para saber cómo estaba. Me respondió que su casa y la cooperativa estaban fuera de peligro, pero que todas las tardes subía la montaña para hacer trabajo voluntario ayudando a los evacuados por el incendio. Esas tareas implican intenso trabajo físico y Matías contó que pudo afrontarlo gracias al entrenamiento. «Durante los incendios me acordaba de escucharte decir «ser fuerte para ayudar». ¡Gracias! «, escribió en su mensaje.

Pero eso no es todo. Cuando los vecinos de Matías se enteraron de lo que hacía junto a otros cooperativistas, se ofrecieron a trabajar en la chacra reemplazando a los que iban a la montaña a ayudar a los evacuados. Así como el fuego se contagia fácilmente, la solidaridad y la compasión también.

El egoìsmo sabio

¿Qué llevó a Matías y sus compañeros, que estaban lejos del fuego, a invertir su tiempo y energía en ayudar a las víctimas del incendio? ¿Qué llevó a los vecinos de Matías a trabajar en una chacra ajena? Tal vez todos ellos son concientes de esa red que conecta a todos los seres vivos. Tal vez comprenden que la suerte de unos está intimamente ligada a la suerte de los demás y que, por eso, ayudar al prójimo es una manera de ayudarse a uno mismo.

Por eso algunos hablan de un egoísmo ignorante y de un egoísmo sabio. El egoísmo ignorante es el que predomina en la sociedad y nos enseña a pensar únicamente en nuestros intereses inmediatos, ignorando el impacto de nuestras acciones sobre los demás seres y la Naturaleza. Este egoísmo ignorante es el que está rompiendo el equilibrio natural en el planeta y acercándonos a la extinción como especie.

El egoísmo sabio es el que nos hace concientes del impacto global de nuestras acciones a largo plazo. El egoísmo sabio nos hace actuar con amor y compasión porque sabe que lo que entregamos al mundo es lo que tarde o temprano recibiremos de vuelta. Para ilustrar esto mi maestro siempre usa la metáfora del barco y el mar. Uno es el barco y los demás son el mar. Al barco le conviene que el nivel del mar suba, porque él también subirá. Al barco no le conviene que el mar baje porque va a encallar.

A pesar de la distancia geográfica que nos separa, sentimos la conexión con Matías, sus compañeros y vecinos y saludamos su conducta tan inspiradora.

Gracias por escuchar.

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