Cuando perdemos la cabra

por Daniel Fresno

Hoy, al llegar a la plaza, descubrí que el espacio que habitualmente usamos estaba ocupado por otras personas. Es un espacio cubierto de baldosas cuyo lado más largo mide 15 metros y que permite ir y venir en línea recta muy cómodamente; ideal para practicar. Pero estaba ocupado.

Entonces buscamos otro lugar y lo encontramos en un sitio donde nunca se nos hubiera ocurrido buscar. Lo interesante es que este nuevo sitio es más largo y está más «escondido», de manera que es improbable que al practicar impidamos la circulación de otras personas. En resumen, un evento inesperado e indeseado nos sacó de nuestro lugar de comodidad y nos obligó a buscar soluciones, y la solución encontrada nos permitió acceder a una mejor situación.

Hay un cuento que habla de esto:

Un sabio y su discípulo caminaban por la montaña bajo un sol radiante. Tenían sed y a lo lejos divisaron una casa. Era una vivienda muy humilde, en muy mal estado, con un pequeño corral dentro del cual había una cabra. Se acercaron y fueron recibidos por el dueño de casa, un hombre de aspecto humilde que vivía ahí con su familia. Pidieron agua y el hombre compartió la suya. El sabio quiso saber:

—¿Cómo se las arregla para vivir y mantener a su familia?

—¿Ve la cabra en el corral? Nos alimentamos de su leche y vendemos la que nos sobra. No es mucho, pero es mejor que nada.


Los visitantes agradecieron el agua y siguieron camino. A los pocos minutos el sabio le dijo al aprendiz:

—Esta noche quiero que vayas sigilosamente, abras la puerta del corral y espantes a la cabra.

Sin entender mucho, el muchacho hizo lo indicado. Abrió la puerta del corral y con una rama golpeó el lomo de la cabra, que salió corriendo y se perdió en la oscuridad.


Unos años después el sabio y su discípulo volvieron a pasar por ahí, pero esta vez la casa estaba en muy buen estado y el corral era más grande y albergaba muchas cabras. El dueño de casa y su familia, mejor alimentados, se veían contentos y saludables. El sabio le preguntó qué había pasado.—Hace algunos años nuestra única cabra se escapó y nos quedamos sin nada —dijo el hombre—. Eso nos obligó a buscar soluciones y a intentar cosas que nunca habíamos probado y aquí estamos. No fue fácil, pero valió la pena.

La vida constantemente nos presenta situaciones inesperadas que defraudan nuestras expectativas. No podemos cambiar eso. Lo único que podemos cambiar es nuestra manera de responder a esas situaciones nuevas. ¿Cómo estamos respondiendo?

Gracias por leer.

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