Que la imaginación sea nuestra aliada

por Daniel Fresno

—Antes de empezar con la actividad física quiero leerles una frase de Avicena, uno de los patriarcas de la medicina moderna: «La imaginación es la mitad de la enfermedad; la tranquilidad es la mitad del remedio; y la paciencia es el comienzo de la cura». —dije al empezar la clase—. Este médico persa que vivió entre 980 y 1037 nos está hablando sobre el papel decisivo de la mente en el desarrollo de la enfermedad y en el proceso de sanación.

La imaginación, esa maravillosa función mental humana que hizo posibles obras prodigiosas en las ciencias y las artes, puede ser también fuente inagotable de sufrimiento cuando está fuera de control. Hace poco hablamos sobre la incontinencia mental y la valioso que sería aprender en la infancia a domesticar la mente de la misma manera que aprendemos a controlar los esfínteres.

Les quiero contar una historia de la época de Avicena. Un pequeño comerciante llegó al pueblo con la intención de abrir ahí su negocio y prosperar. Como era un recién llegado, quiso presentarse ante sus colegas locales para generar con ellos un buen vínculo. Assad, el comerciante más rico del lugar, lo invitó a comer a su casa esa noche. La cena tuvo lugar en la sala principal de la lujosa casa de Assad, que personalmente llenó de vino la copa del invitado para brindar.

Al acercarla a sus labios, el recién llegado vio una serpiente en el fondo de la copa. Dudó un instante, pero como no quería quedar mal con el anfitrión, bebió todo el vino. De regreso a su casa empezó a sentirse mal. Se metió en la cama pero el dolor de estómago no le permitió dormir. La esposa se despertó y le preguntó qué le pasaba. Entonces el hombre le dijo que Assad puso una serpiente en su bebida para matarlo y así no tener competencia. La noche pasó y el hombre no murió, pero sentía que su vientre iba a estallar. La esposa le contó a todos lo que había pasado y el rumor llegó a oídos de Assad, que invitó nuevamente al recién llegado a su casa. Temeroso, el hombre entró a la misma sala donde había cenado la otra noche. Allí estaba Assad con dos copas de vino. Le entregó una y le pidió que la mire a ver si había algo raro adentro. El invitado miró y vio en el fondo una serpiente. Entonces, el dueño de casa le pidió que mire hacia arriba. El techo de la sala estaba decorado con variadas figuras, entre las que se destacaba una serpiente de metal brillante. El reflejo de la luz en el vino daba la impresión de que en la copa había una serpiente. Al comprender esto, el dolor de estómago del pobre hombre desapareció.

El cuento y la frase de Avicena hablan de lo mismo: la imaginación puede generar enfermedad. Es muy importante tener en cuenta esto en los tiempos que corren. La segunda ola de covid-19, el aumento de los contagios y la saturación del sistema de salud generan angustia y ansiedad en muchas personas. Es fundamental aprender a domesticar la mente para que esas emociones no se transformen en enfermedad.

—Mi papá se la pasa todo el día viendo televisión y está muy asustado —dijo un alumno.

—Por eso es muy importante ser selectivos con los medios de comunicación y las redes sociales. Si nos abrimos de manera indiscriminada y sin filtro, nuestra mente se va a convertir en el tacho de basura donde los demás tiran sus deshechos tóxicos. No digo que hay que ignorar los datos de la realidad; hay que evitar la basura informativa.

De lo poo que sabemos sobre el virus, la información principal, la que nos va a proteger, ya la conocemos: hay que mantener las manos limpias, hay que respetar la distancia social, hay que usar barbijo, hay que ventilar los ambientes. A esto nosotros agregamos los Seis Remedios Milagrosos que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico y prevenir enfermedades. Por ahora con eso basta; todo lo demás es ruido y circo informativo.

Así como cuidamos el alimento que le damos al cuerpo, también conviene cuidar el alimento que le damos a la mente. Si le damos veneno todos los días a toda hora, se va a enfermar y una mente intoxicada termina enfermando al cuerpo. Nuestra práctica nos brinda herramientas simples pero poderosas para aprender a domesticar la mente para que trabaje a nuestro favor y no en contra.

—Pero uno no vive aislado. Vive rodeado de una realidad compleja y muchas veces terrible —dijo Diego—. ¿Cómo hacemos para desconectarnos de eso?

—Atención, no se trata de desconectarse de la realidad. No queremos vivir encerrados o apartados del mundo como ermitaños. Se trata de mantener la serenidad en medio de la tormenta. En la actualidad la penetración de los medios de comunicación y las redes sociales en la subjetividad de la gente es enorme. La información que circula no es neutral; es manipulación disfrazada de información. Los mensajes que se transminten a través de los medios buscan despertar emociones intensas en el receptor. Porque una persona emocionalmente agitada no piensa claramente y es fácil de manipular para que compre algo que no necesita o para que vote a un candidato que no le conviene.

No se trata de negar o erradicar las emociones; se trata de tomar distancia de ellas. Te cuento algo que ocurrió hace poco. En 2009, en EEUU, un avión de pasajeros perdió los dos motores al poco tiempo de levantar vuelo. Como no había dónde aterrizar el piloto acuatizó en el río Hudson. Fue un hecho muy comentado e inspiró a Clint Eastwood a hacer una película. Yo estoy en un grupo de compañeros del secundario en el que hay un piloto de una compañia aérea internacional. Cuando ocurrió aquel evento ese compañero compartió con el grupo el audio de la conversación entre el piloto y la torre de control. La voz del comandante transmitía serenidad a pesar de la delicada situación que estaba manejando. Una compañera del grupo dijo que le resultaba chocante la «frialdad» del piloto y agregó: «en su lugar, yo estaría muerta de miedo».

Cabría preguntarse: si estás en un avión en emergencia ¿qué preferís?¿Que el piloto actúe con serenidad o que sucumba en un ataque de pánico? Los sucesos del mundo exterior generan un impacto en nuestros sentidos y detonan emociones. Eso es normal. Conviene estar atentos a los sucesos del mundo exterior y también a las emociones que nos despiertan, pero sin permitir que agiten nuestra mente. Por el contrario, cuando nos identificarnos con esas emociones, ellas toman el control y perdemos la serenidad y la claridad mental. La conducta del piloto es ejemplar. No se desentendió de los datos de la realidad y seguramente experimentó emociones intensas, pero mantuvo distancia de ellas para poder pensar con serenidad y tomar las mejores decisiones.

Tomar distancia de las emociones y de los embrollos psicológicos para poder observarlos y comprenderlos, para no ser controlados por ellos, es necesario y es posible. Es cuestión de entrenamiento. Para eso practicamos meditación, zhan zhuang o chi kung.

Gracias por escuchar.

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