La mente es el capitán del barco

-Hace poco el mundo se conmovió por el caso de los Jabalíes Salvajes -dije durante la clase de taichi chuan-, los 12 chicos y su entrenador que quedaron atrapados durante 18 días en una cueva subterránea en Tailandia. Ekaphol Chantawong, el entrenador, les enseñó a meditar con el objetivo de administrar el escaso oxígeno, calmar la mente y enfrentar de mejor manera la adversidad hasta que llegara la ayuda. Ekaphol quedó huérfano cuando era niño y fue a parar a un templo budista, donde entre otras cosas aprendió a meditar.

-Les cuento esto para resaltar el enorme valor de la meditación. Acá estamos haciendo taichi chuan, que suele ser llamado “meditación en movimiento”, porque tiene en común con la meditación el volcar la atención hacia adentro. La vida cotidiana hace que pongamos la atención en el mundo exterior y eso no está mal, pero si únicamente estamos atentos a lo que pasa afuera, nos vamos desconectando de nosotros mismos y eso, a la larga, provoca todo tipo de sufrimiento.

-La meditación empezó a divulgarse en Occidente a partir de los ´60 al mismo tiempo que las artes marciales asiáticas. Entre las muchas personas que se acercaron a estas prácticas hubo científicos, que se tomaron el trabajo de estudiar el tema desde su especialidad. Se realizaron muchas investigaciones sobre los beneficios del taichi chuan y la meditación, algunas de ellas fueron reseñadas en nuestro blog. Lo cierto es que el taichi chuan y la meditación no sólo reducen el estrés, la presión arterial y potencian la concentración, también modifican el cerebro. Con el paso de los años la masa cerebral tiende a reducirse, pero la práctica regular de estas disciplinas detiene ese proceso y hace que el cerebro crezca (ver nota)

-La meditación, el taichi chuan, el chi kung, por diferentes caminos conducen a un mismo destino: una mente más fuerte, flexible y eficaz. Somos como un barco en el océano y la mente es el capitán. La meditación no impide que haya tormentas, pero entrena al capitán para atravesarlas de la mejor manera posible.

-Cuando meditamos o practicamos chi kung o taichi chuan llevamos la atención hacia adentro, escuchamos y observamos lo que nuestra mente y nuestro cuerpo tiene para decirnos. En ese proceso vamos conectándonos con nuestro propio sufrimiento. Cuando hacemos la forma de taichi estamos atentos a lo que hace y siente cada parte del cuerpo, la manera en que apoyamos los pies en el suelo, la manera en que flexionamos las rodillas, etc. Descubrimos que al hacer las cosas de cierta manera aparece el dolor y si las hacemos de otra manera, el dolor desaparece. Descubrimos que el sufrimiento existe, entendemos qué lo generó y actuamos para aliviarlo. Así como nos conectamos con el sufrimiento físico también podemos ir más profundo, a las causas del sufrimiento mental. De esta manera vamos cultivando la auto-compasión.

-El concepto de compasión suele ser malinterpretado. Algunos lo ven como algo negativo: “No quiero tu compasión”, dice el que entiende la compasión como una mezcla de lástima y desprecio. Nosotros la entendemos de otra manera. Compasión viene del griego “sympathia = sufrir juntos” y significa sentir como propio el sufrimiento del otro y actuar para aliviar o evitar ese sufrimiento. Es decir que la compasión implica sentir y también actuar.

-El concepto de auto-compasión suele tener una carga negativa porque se lo asocia con una actitud pasiva, derrotista, propia de alguien que se siente víctima. Pero cuando decimos que nuestra práctica ayuda a cultivar la auto-compasión queremos decir comprendemos la naturaleza de nuestro sufrimiento y actuamos para aliviarlo o evitarlo.

-Primero surgirá dentro nuestro la auto-compasión, luego desarrollaremos el amor y la compasión hacia los otros, empezando por los más cercanos hasta llegar a todos los seres vivientes. Por eso, nuestra práctica no es únicamente una herramienta que nos ayuda a enfrentar mejor los desafíos de la vida, es también un camino de auto-conocimiento y sanación, y una oportunidad para construir un mundo mejor.

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Autor: Daniel Fresno