El mundo sobre mis hombros

por Daniel Fresno

—Suelto el control de la respiración y dejo que el cuerpo respire por su cuenta —dije durante la práctica de zhan zhuang—. Llevo la atención a la respiración y observo cómo ésta ocurre naturalmente, sin mi intervención. Los pulmones se llenan y se vacían tomando oxígeno y expulsando dióxido de carbono. Y soy conciente de que esta sofisticada tarea la realizan durante todo el día, incluso cuando estoy durmiendo. Qué bueno, una preocupación menos.

Mi corazón late y bombea sangre hacia todo el cuerpo. Late y bombea varias veces por minuto, todo el día. Lo viene haciendo desde que estaba en el útero de mi madre. El corazón conoce su trabajo y lo hace de la mejor manera, incluso cuando yo estoy durmiendo o atendiendo otros asuntos.

Ahora mismo mi boca está segregando saliva, mis riñones están filtrando sangre, mi glándulas están fabricando hormonas, mis intestinos están absorbiendo nutrientes. Todas estas tareas complejas las realiza mi cuerpo sin esperar que yo le de instrucciones. La vida ocurre naturalmente dentro de mi y es muy poco lo que tengo que hacer para que esta maquinaria maravillosa siga andando: solo tomar los Seis Remedios Milagrosos. En cambio es mucho lo que hacemos para arruinar su funcionamiento.

Hoy la Tierra sigue girando, el sol sigue brillando, la luna sigue regulando las mareas, los bosques siguen fabricando oxígeno. Todos estos prodigios de la Naturaleza que hacen posible la vida en el planeta ¿son resultado del esfuerzo de alguno de nosotros? ¿Soy yo el que hace girar a la Tierra? ¿Es Eduardo el responsable de que el sol salga cada mañana? ¿Adriana supervisa la producción de oxígeno por parte de los bosques? Buen trabajo, Adriana.

Esta ironía es para mostrar que desde mucho antes de que naciéramos el sol ya brillaba, la Tierra giraba, y los arboles fabricaban oxígeno. Y lo mismo seguirán haciendo cuando hayamos muerto. El trabajo pesado no lo estamos haciendo nosotros. No somos tan indispensables como creemos. Cuando perdimos algún ser amado lloramos y sentimos tristeza, pero nos las arreglamos y continuamos con la vida. Cuando hayamos muerto la gente que nos ama nos llorará y sentirá tristeza, pero se las van a arreglar y su vida seguirá.

Conviene tener en cuenta esto cuando sentimos que llevamos el mundo sobre nuestros hombros. A veces nos sentimos así y decimos: «No puedo contar con nadie, tengo que hacer todo yo solo» o «Si no lo hago yo, no lo va a hacer nadie» o «Si no estoy yo, esto es un desastre». Cuando percibimos la vida de esa manera nos ponemos rígidos. Es lógico, hay que ponerse muy duro para sostener el mundo y hacerlo funcionar. Se ponen rígidos los músculos y tendones, las articulaciones, los órganos y los vasos. Pero esa rigidez nos acerca prematuramente a la muerte. ¿Cómo nos damos cuenta de que alguien está muerto? Se pone rígido.

¿Por qué los médicos dicen que los niveles muy altos de colesterol son peligrosos? Porque aumentan las probabilidades de que las arterias se taponen. Pero es importante saber que el colesterol se adhiere allí donde la pared de los vasos está dañada. Cuando los vasos se ponen rígidos, se producen lesiones en sus paredes y en esas lesiones se acumula el colesterol formando placas que obstruyen la circulación. Por eso es tan valioso aprender a relajarse y mantener un equilibrio dinámico entre tensión y relajación. La vida es como el agua. Es en vano ponerse rígido tratando de agarrarla para que no se escape. Es mejor abrirse y dejar que nos llene.

Gracias por escuchar.

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