Hacer las cosas bien

No puedo huir de las consecuencias de mis acciones.

-A veces nos encontramos ante la opción de hacer las cosas bien o hacerlas mal y, al momento de elegir, dudamos -dije durante la clase de taichi chuan-. ¿Por qué dudamos? Porque a veces nos da la sensación de que la mayoría de la gente hace las cosas mal. No sé si esto es cierto, pero vale la pena aclarar algo importante: lo incorrecto, no se vuelve correcto porque lo haga mucha gente.

-Otras veces dudamos porque vimos personas que hacían las cosas mal y que no pagaban un precio por ello y que, además, parecía irles bien. Esto es una ilusión; actuar mal genera un karma negativo que, tarde o temprano, hay que pagar. Eso es inevitable. Como dice el Quinto Recordatorio: “Mi única pertenencia son mis acciones. No puedo huir de las consecuencias de mis acciones”. Además, la gente que actúa mal no tiene paz.

-Otras veces dudamos porque esperamos una recompensa por hacer las cosas bien. Nos parece injusto no recibir algún tipo de reconocimiento material o moral por haber actuado correctamente. En este sentido, creo que conviene hacer las cosas bien sin esperar ninguna recompensa, por el sólo placer de actuar bien. Es muy simple y a la vez muy profundo: actuar correctamente te hace sentir bien. “La felicidad consiste en hacer el bien”, decía Aristóteles.

-Pero muchas veces una cree que está actuando bien y en realidad está actuando mal -dijo Haruko.

-Es cierto, acá hablamos de hacer lo correcto o lo incorrecto, pero esos no son valores absolutos. No existe una tabla que diga lo que está bien y lo que está mal. La mayoría de las veces respetar la luz roja del semáforo es lo correcto, pero cuando la ambulancia está llevando a un herido al hospital, lo correcto es llegar rápido, aunque haya que pasar semáforos en rojo. Hacemos las cosas mal cuando vamos guiados por un deseo egoísta y en busca de un beneficio inmediato. Hacemos las cosas bien cuando vamos guiados por un deseo que incluye a todos, no sólo a nosotros, y que brinda un beneficio que no es inmediato.

-Por ejemplo, si yo como comida chatarra, satisfago el deseo de comer algo “rico” y además gano tiempo. Esa es una ganancia inmediata. Si en cambio, preparo comida casera, voy a tener menos tiempo libre, pero voy a alimentarme mejor y esa es una ganancia no inmediata.

-Podemos dudar sobre hacer las cosas bien o mal porque conocemos las dos opciones -dijo Patricia-, pero hay gente que no sabe que hay otra manera de hacer las cosas.

-Es cierto, eso ocurre especialmente con los niños y los jóvenes. Por eso es tan importante hacer lo correcto, porque al hacerlo estamos dando un ejemplo positivo. Y los ejemplos son poderosos y contagiosos, tanto los buenos como los malos. La única manera de cambiar el mundo es a través del ejemplo. Por más justas y nobles que sean nuestras ideas, no tendrán ningún valor transformador si no somos capaces de encarnarlas a través de la práctica concreta.

-La transgresión a las normas está tan arraigada en nuestra cultura, que cuando una hace lo correcto, queda como una pelotuda y disculpen la palabra -dijo María.

-Es cierto que mucha gente ve la transgresión como algo “piola” y el respeto como algo “tonto”. Pero es importante perderle el miedo a parecer tonto. Si queremos que algo cambie es indispensable ser pacientes, constantes y tener coraje. Las sociedades son capaces de mejorar, pero los cambios reales y duraderos llevan mucho tiempo y esfuerzo y al principio generan resistencia. No hay que desanimarse y seguir haciendo lo correcto y generando conciencia a través del buen ejemplo.

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Autor: Daniel Fresno